La relación Iglesia- Estado: del desconocimiento y expulsiones a la recepción con alfombra roja

Casi un siglo ha pasado desde el inicio del endurecimiento de las relaciones entre el Estado y la Iglesia; en un principio, por antonomasia, la Católica, pero ciertamente con el paso del tiempo se deberá mencionar “las Iglesias”, por la diversidad de instituciones religiosas, que al final todas resultaron beneficiadas con la reforma al artículo 130 constitucional.

Si bien la redacción de ese artículo no pasó de una mera animadversión teórica del Constituyente del 17 hacia el clero, dio lugar a un encono que fue creciendo al paso de los primeros años de la nueva Carta Magna entre esos poderes, tales como expulsiones de algunos jerarcas de la Iglesia como el delegado apostólico, demolición de monumentos de carácter religioso, ataques a las instalaciones de asociaciones relacionadas y escaramuzas provocadas por los famosos “camisas rojas“ de Garrido Canabal. El culmen vino cuando el presidente Elías Calles hizo lo que no se atrevieron los anteriores, Carranza y Obregón: reglamentar en 1926 el artículo mencionado para darle vigencia activa a los preceptos contenidos, y así se inició poco a poco un enfrentamiento que acabó en guerra civil llamada Cristiada, que ocasionó miles de muertes, semi paralización de la vida económica y social.

Le correspondió a don Emilio Portes Gil, presidente sustituto de México, el llegar a un “arreglo” con dos obispos representativos del Vaticano para que cesara la lucha, ofreciendo amnistía, exigiendo el desarme de los cristeros, pero sin que se modificara el artículo 130. De allí en adelante, México vivió largo período de simulación: el artículo siempre se consideró una “papa caliente”.

Cuando llegó a la presidencia Carlos Salinas de Gortari, ofreció actualizar el artículo en mención y vino la modificación en 1992, lo que cambió sustancialmente la relación y ambos poderes se reconocen y se respetan.

En aquellos años, los antiguos gobernantes que rehuían toda relación con los representantes de las Iglesias y en especial con los de la Católica, ahora se sienten complacidos de recibir a sumos pontífices y hasta las puertas del Palacio Nacional les abren, buscando tomarse una fotografía con ellos… por lo menos una “selfie”.

Se aprendió de la Historia que el respeto, la tolerancia y el reconocimiento mutuo es base para la convivencia entre todos los mexicanos. La Iglesia también asimiló el precepto bíblico de que, “Al César, lo que es del César“.