La paz y la democracia para un periodista global

Uno de los periodistas más famosos del mundo lo es Ryszard Kapuscinsky, nacido en Polonia, quien acaba de cumplir 50 años de recorrer el mundo.

Interrogado por un colega, le pregunta ¿Qué es hoy, en los últimos años del siglo XX, lo más característico de la situación de nuestro mundo?

A lo que responde que, “en primer lugar, el hecho de que vivimos en paz. En cuanto lo digo, se alzan voces de protesta. ¡Cómo! ¿Y Ruanda? ¿Y Bosnia? ¿Y Belfast? Y esa protesta es justificada. Cada muerte es una tragedia, cada guerra una desgracia y una catástrofe. Pero hablamos aquí de todo el planeta, y en este caso las proporciones son importantes. Hay en nuestros días unos treinta conflictos armados en todo el mundo, pero el número de personas directamente afectadas por esos conflictos representa menos del 1% de la población mundial. Sin duda es trágico que el 1% sufra estas guerras, pero aun así no deja de ser grato que el 99% viva en paz. La Guerra Fría, que nos amenazó a todos con la aniquilación, ha quedado superada”.

En efecto, pero lo que el periodista no alcanzó a avizorar fue el plan terrorista que ahora atemoriza a los europeos y seguramente a los Estados Unidos, ataques suicidas de grupos musulmanes extremos que mucho han afectado la imagen del profeta Mahoma. A diferencia del pasado, ahora un incidente violento no llevaría de inmediato a una guerra: hoy ocurre más bien a la inversa: siempre que estalla un conflicto, la comunidad internacional trata de aislarlo y de ponerle fin.

El periodista opina que una tendencia, hoy dominante, es la aspiración del mundo entero a la democratización. La democracia se ha convertido en la solución del momento, el anhelo que todo lo domina, el modelo general. Hace veinte o treinta años, había dictaduras por doquier: dictaduras militares, dictaduras policiales, dictaduras de partido único gobernaban en América Latina, dictadura se ha vuelto ya extraño, una excepción, un anacronismo. Nadie aspira hoy a instaurar una: mientras el pueblo tiene más información y cultura, rechaza las dictaduras. Ha aprendido a castigar a los malos gobiernos.