Los males del siglo XX

Pasó el siglo XX y con él casi desapercibidos los males que se sucedieron, sencillamente porque los peores no nos tocó vivirlos, pero otros siguen presentes ante una aparente indiferencia de las comunidades de la mayoría de los países. 

El problema es que el ser humano vea lejanos los problemas que le ocurren a otros, sin considerar que todos vamos en la misma nave, como aquél que viajaba en el Titanic al expresar: “lo bueno es que el iceberg no pegó en mi camarote”.

El ser humano racional y pensante, no puede ignorar las atrocidades ocurridas durante el siglo  XX, porque hay una tendencia a que se repita la misma historia.  

Por ejemplo, ahora mismo estalla una revuelta social en Venezuela, contra el tipo de gobierno responsable de la baja de la economía. Así empezó en Chile contra las acciones socializantes de Salvador Allende, metiendo la mano descaradamente el gobierno de Washington.

En Chile estaba las grandes y ricas  minas y la amenaza contra los capitalistas extranjeros.  En Venezuela hay petróleo en abundancia y eso le interesa a Washington.

¿Está lejano el tiempo en que la mano siniestra del Tío Sam patrocine las protestas para eliminar el tipo de gobierno que le es adverso? Sería terrible para Latinoamérica que llegara otro Pinochet. 

En cuanto a los males a nivel global, hagamos el recuento de algunos: Los mecanismos de violencia  social masiva tanto económicos (explotación, pauperización, expolio) como políticos (guerra, tortura, represión).

Tenemos enfrente la decisión de conservar o aniquilar la vida de nuestra especie y la de millones de especies animales y vegetales. La amenaza de un desastre ecológico no deja de anunciarse a través de las temperaturas insólitas que sufren los países más al norte. 

La humanidad sufre el contraste de hambre y abundancia con desperdicio, fenómenos de inhumanidad  que afectaron a millones, especialmente en Europa, a causa de desequilibrados megalómenos como Hitler, Stalin y más recientemente los dictadores de países árabes y de los países balcánicos.

La violencia urbana es cada vez mayor, la pérdida del trabajo, la marginación, la frustración consumistas de las clases vulnerables, la pérdida de confianza en los políticos, el consumo de drogas que va en aumento con la amenaza de la tolerancia legal, el fetichismo provocado por los medios televisivos que invita a la violencia y a la permisividad... en fin, esos fenómenos que se vivieron en el siglo XX y que aumentan en el presente, con el ansia por lo rápido y lo instantáneo en la información-comunicación , la dirección y efecto de la tecnología de uso inconcontrolable  rindiéndose culto a lo cibernético y no a la palabra del maestro que suena obsoleta y, finalmente, los problemas de identidad y pertenencia, de la creación y sobrevivencia de las culturas, los fundamentalismos etno-racistas, religiosos y políticos.  

Pero no toda  es una cara del desastre  de  entre-siglos: también existe la contra-partida que tocaremos en una próxima colaboración: los bienes del siglo XX.