La influencia de padres impreparados moralmente

Muchas familias mexicanas estarán sufriendo por el resto de sus vidas, por la pérdida de manera violenta, de una persona cercana, llámese padre, hijo, hermano, etc.

En nuestra comunidad del sur de Tamaulipas, con asombrosa frecuencia toda ella sufre también y se solidariza con los deudos, pues, ¿qué otra cosa puede hacer? ¿Exigir a las autoridades garantías de seguridad? Esa autoridad está rebasada y no hay fecha para que vuelva la tranquilidad, sobre todo en áreas no urbanas.

Agricultores y ganaderos han estado abandonando sus fuentes de trabajo, para no exponerse o por la rogativa de sus familias; por lo menos, serían víctimas de extorsión, pero ya se sabe que los malos no tienen palabra.

La mayoría de quienes se convierten en padres, no están preparados para serlo, pero llevan en el fondo de su ser como una maravillosa intuición y mucho amor, las bases para formar a los hijos; no se requiere mucha técnica ni la lectura de muchos libros, sino comprensión, diálogo y una libertad sabiamente dosificada.

Pero cuando los padres son a la vez víctimas de los suyos, que le dieron un mal ambiente y sin condiciones propicias para un desarrollo sano y progresista, es allí en donde está la raíz del mal, porque generan jóvenes insensibles a la solidaridad humana y con pérdida gradual del respeto por los otros, hasta convertirse en autómatas para el mal y sin remordimientos.

¿Qué clase de padres pueden criar a hijos así? La pobreza o la marginación, el desempleo o las crisis familiares no pueden aceptarse como causantes directos de una vida desviada del bien. De otra manera, la mitad de la población sería delincuente.

Por otro lado, también se dan casos de hijos de conducta desviada que se crearon en hogares de mejores niveles económicos. ¿Acaso todos ellos han sido huérfanos de padres vivos, como reza el título de un libro?

Algo está fallando en el ambiente familiar pero sin duda, los padres tienen en sus manos la parte más importante de la solución.