Se fue una gran tampiqueña

Este mes de octubre falleció Blanca Magrassi Scagno, tampiqueña de origen italiano; su antepasados llegaron a Veracruz en 1850 con el fin de formar una colonia de agricultores en Tecolutla, que les había ofrecido el gobierno de México.

Su vida transcurrió entre cambios de domicilio hasta residir en Chihuahua, en donde conoció a Luis H. Álvarez con quien casó en Ciudad Juárez en 1945.

Al casarse con un político de oposición, sabía que le esperaba una “brega de eternidad” por las condiciones que prevalecían en el país en el campo de la política: fue la primera esposa que acompañó a un candidato a la presidencia de la república, don Luis, y con él recorrió el país en los años 50, incluyendo Tamaulipas.  En su comitiva y como orador, venía Hugo Gutiérrez Vega, poeta que también falleció recientemente.

Como esposa de Luis H. Álvarez, quizá uno de los sucesos más impactantes de la vida de Blanca fue en 1986 cuando su esposo vivió un ayuno de más de 40 días, en el Parque Lerdo, de Chihuahua, con lo cual quería lograr para México el respeto a la democracia y concretamente que se respetara el voto en la próximas elecciones para gobernador en su estado. Blanca tuvo que recurrir a toda su fortaleza, generosidad y valor para soportar el miedo a la muerte de su esposo y vencer la duda de si valía la pena dejarlo seguir hasta el final.

Le entusiasmaba trabajar y aplicar sus conocimientos, pero las tradiciones de la época no veían con buenos ojos que las mujeres lo hicieran y lo dejó para después.

Estos ejemplos transformaron su espíritu y surgió en ella un deseo y un sueño de cambiar al mundo. En las pláticas de la intimidad con don Luis brota la inconformidad por el abuso de las autoridades municipales y estatales y ambos sienten la necesidad, como católicos, de contribuir a superar esas injusticias.

Blanca y Luis habían entrado a la política a servir y ya no la dejarían.

Al final de sus recorridos por el país  doña  Blanca era otra; conocer la pobreza y la ignorancia de tantos mexicanos removió sus entrañas y se integró a trabajar en su  partido. Más adelante fue candidata a presidenta municipal; ella no lo logró, pero sí fue la primera dama de Chihuahua porque posteriormente, Luis, su esposo, sí lo fue y ella le dio al DIF y a la educación de Chihuahua un gran impulso.

Volvió a la Universidad y obtuvo el doctorado en Psicología Educativa. La señora Álvarez vivió la transición y fue testigo del arribo de su partido al poder federal. Dignificó y honró  el quehacer político.