La educación en México: ¿está cayendo en el desánimo?

El estudiante mexicano en general, teme hacerse preguntas profundas, a toda ilusión de experiencia transcendente, al auto cuestionamiento. Vive en la desconfianza y en la sospecha permanente de las apariencias y de los dobles juegos y sobre todo, se  considera una víctima de las estructuras objetivas. Pero sostiene que no puede salir del juego. Las exigencias reales y pragmáticas tanto como el poder le permite refugiarse en un pseudo realismo sin esperanzas o, en prácticas extrañas o en la autodestrucción. En el ámbito educativo las consecuencias son múltiples y cotidianas.

La transformación de la educación como campo de una aventura utópica requiere en el campo de adiestramiento para las exigencias de la vida moderna, como la elaboración de una receta racional para aprender algo que facilite la vida. Nuestras instituciones educativas, fiel expresión del saber absoluto (vivimos en la era del conocimiento), están empeñadas en servir a la vida productiva, y se han alejado de la vida misma, la que implica la relación vital entre percepción, movimiento y entendimiento.  Esto casi se ha perdido.

 La educación se entiende hoy en las coordenadas de un empirismo para que evite por todos los medios posibles, la reflexión. Este ha sido el medio de evitar que se le acuse de anacronismo y de oscurantismo. El llamado a la modernización y de la globalización ha sido el detonante de una espectacular carrera política en la que todos los involucrados saben que las acciones no lograrán re-encauzar las aguas del río revuelto en que se ha convertido la enseñanza, pero todos, a fin de cuentas, optan por cumplir, por no bajarse del tren que antaño arrancó pensando en llegar al progreso.

 Son cómplices los Estados y las Secretarías de Educación y sus funcionarios al pretender conscientemente el mantenimiento de la ingenuidad de los otros que creen aún en los beneficios de la educación. Lo importante es cubrir la fechada del trabajo, del esfuerzo y de la actividad. Así, precipitadamente,  se firman acuerdos de modernización educativa, se rediseñan los planes de estudio , se echan a andar carreras magisteriales  y los semestres de convierten en cuatrimestres.

 Mucha actividad... pero bien se podría  aplicar  el llamado “síndrome de Tongolele”: se mueve mucho, pero no avanza .