Para crecer son necesarios líderes y educación

Es un principio para lograr el progreso, el reconocer nuestras deficiencias, errores y desviaciones del objetivo; lo mismo sucede con los países: si no se exponen sus problemas no se conocerá cómo trabajar para superarlos.

No surgirá el compromiso y por lo tanto, no se sabrá hacia dónde ir y de qué manera. Hacer compromisos de mejora requiere de una dosis de humildad para reconocer las fallas o deficiencias.

En México se ha detectado –finalmente- que se ha fallado en educación, la base de la mejora de la sociedad, los pilares en los que se puede invertir.

Son inversiones a largo plazo pero brindan la posibilidad para que las personas sean contratables  y puedan obtener mayor valoración por las empresas o bien, para auto-emplearse.

El verdadero jefe  debe poseer, además de conocimiento, habilidad y experiencia, la capacidad no únicamente descubriendo talentos porque ya los tienen  sus  trabajadores, sino que éstos afloren  en ellos; su misión como jefe es saber captar a la gente, cómo retenerla y cómo capitalizar ese talento.

No todos los jefes son eficaces para descubrir las competencias de aquéllos bajo sus órdenes, sus compatibilidades y nivel cultural.Ante el advenimiento de nuevas empresas a México por la apertura de las reformas estructurales, la estrategia está en la formación de nuevos líderes y mejorar la educación.

Afirma Daniel Servitje, del Grupo Bimbo, que el mexicano tiene poder, “ya que en el país tenemos una gran fuerza laboral, que puede competir en ganas, conocimiento y en inteligencia, con cualquier país del mundo”.

Afirma que para tener éxito es importante abrirse al mundo.

La base de toda esa perspectiva de progreso está en la educación y en la búsqueda del profesionalismo, que se puede perder con el tiempo.

Pero sin educación sólida, es difícil alcanzar el liderazgo.

Con base en la estadística, solamente el 4% de los jóvenes salen bien o muy bien en la prueba PISA; pero este porcentaje sube 13 veces  más en Corea del Sur.

En ciencias, el país está 75 veces abajo que los Estados Unidos y 272 veces que el estudiante de Shanghái. Así, hay incapacidad para competir en el mundo global.

Más que discursos y buenas intenciones gubernamentales, lo que requiere México es ser un país próspero, democrático y equitativo. Primero  edificarlo para hacerlo competente, derrumbando los emporios monopólicos y reducir drásticamente los niveles de corrupción. 

México debe ser competente y competitivo, en tanto que cada mexicano pueda disponer  de competencias, es decir, de capacidades y destrezas valiosas y valoradas por las empresas en el quehacer productivo: este es el gran reto de la reforma educativa.

La empresa está comprometida a formar sus cuadros directivos competitivos, con liderazgo;  pero tiene el temor de que la inversión realizada en este compromiso se puede esfumar si el líder se va a otra empresa.

Lo mismo sucede con otros niveles de la organización.

“Para que  aplico tantos recursos en estos operarios, si una vez que mejoran, se van a otra empresa por cien pesos más de sueldo”, suelen afirmar los gerentes .

Allí está el reto de los verdaderos líderes: el saber retener y reforzar. Al fin y al cabo, cada empresa es una escuela para cada trabajador, y éste es libre de decidir hasta dónde llegar.