Los contrastes en la administración del dinero público

En México se están viviendo situaciones inusitadas respecto al “descubrimiento” final de las pésimas administraciones municipales y estatales en materia de finanzas.

Sucede cuando viene la transición de un gobernante a otro, cuando en el proceso de recepción de los bienes se detectan serias anomalías, especialmente cuando los que llegan provienen de otro partido que disputó el poder.

Algunos casos son tan escandalosos que llevan al lector del asombro a la risa, de la sorpresa a la condenación y enojo. Y es natural la frustración, porque se revela una incapacidad para gobernar y una absoluta falta de ética de todos los involucrados en el manejo del dinero público.

Lo cierto es que la mayoría de los estados del país están en déficit, involucrados en compromisos económicos difíciles de cumplir y con deudas de oscura procedencia imposibles de pagar.

Si lo anterior se visualiza en los gobiernos municipales, se tendrá que hacer una distinción en el gobierno local, que lo conforman los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; en este caso, es el Poder Ejecutivo quien lleva el fardo de los pasivos, mientras que en el Legislativo todo va viento en popa para sus integrantes que reciben sin parpadear, gruesos emolumentos a cambio de un trabajo representativo no tan esforzado y con relativa responsabilidad.

Pero la sorpresa mayor se la lleva el ciudadano común al enterarse de los bonos que recibirán los diputados federales en la presente Legislatura, solamente por el fin del año y para que “les alcance” en sus gastos navideños.

Cada uno recibirá 150 mil pesos, aparte de los 61 mil de dieta, 45 mil por asistencia, 29 mil de apoyo al personal de gestión, 140 mil por gratificación, 28 mil por gastos de atención ciudadana.

La suma del “bono de Navidad” es de 75 millones, que no requieren comprobación. Este fin de año, cada diputado se llevará 493 mil pesos y el deseo porque pase “una feliz Navidad”… quizá la bancada del Partido Movimiento de Renovación Nacional (Morena), se niegue a recibir el bono… pero obviamente, aceptando el resto.

Mientras tanto, más de la mitad de las familias mexicanas, se conformarán con la práctica forzada de una mínima y simbólica canasta durante las noches navideñas, preguntándose  quizá para qué sirve la clase política, que no las sacan de apuros…