El bullying como epidemia nacional en las escuelas de México

Se ha incorporado al idioma español la palabra inglesa bullying como sinónimo de acoso escolar en cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre estudiantes de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado.

Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares.

El acoso escolar es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor hunde a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.

Implica  un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente) que aquella. 

El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador. 

Las consecuencias son terribles, pues el acosado vive  aterrorizado con la idea de asistir a la escuela,  se muestra  nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana.

En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia las personas sin limitación de edad. 

El tema del bullying toma caracteres de epidemia en las escuelas mexicanas, a raíz de varios acontecimientos fatales que se dan cada vez más seguido, exaltado en estos días con la muerte de un adolescente en una escuela de Ciudad Victoria, que provocó opiniones inmediatas desde el presidente Peña Nieto y las más altas autoridades escolares.  

El mismo rector de la UNAM, doctor Narro, abordó el tema y dijo que a México le conviene atacar de raíz los problemas que originan la violencia, que no es nueva y las cifras señalan que aumenta.  

Mencionó que en este tema están insertos muchos otros que tienen que ver con lo social, económico, cultural, jurídico, político y asuntos individuales, familiares y colectivos que los mexicanos tienen que resolver. 

Pero dejó claro: “México no es el país que está en las peores condiciones, no es un elemento para sentirnos tranquilos, pero ni nuestra nación es la que tiene los índices más graves en este gran tema de la seguridad ni podemos sentarnos a esperar a que lo seamos, tenemos que resolver el fondo del problema”.

Dijo que el acoso escolar: “Pasa que las escuelas, las universidades, las instituciones educativas están en el país; seguimos con un problema que no es nuevo y que todos tenemos que contribuir a atender”.

El rector de la UNAM sostuvo que la violencia se origina de muchas maneras.

“Está en un tallo que tiene que ver con los asuntos de orden social: la educación, la atención a los jóvenes, el empleo para ellos, las oportunidades de educación, el entretenimiento, el deporte, la cultura”.

La  verdad en el fondo es que no sólo es la pobreza, la falta de empleo de los adultos, sino además por la falta de  valores, pues vivimos una sociedad contemporánea, no exclusiva del país que está trastocando valores laicos, valores cívicos que son fundamentales, como la solidaridad y la honestidad, además de la lealtad, que conviven con problemas que siempre nos han acompañado, como la corrupción y la impunidad”. 

Si las autoridades escolares quieren en verdad disminuir y eliminar este fenómeno social que se manifiesta en la violencia, tienen que tomar decisiones de inmediato y establecer como parte de las regulaciones de la vida escolar lo siguiente:

1.- Expulsar de la escuela a alumnos agresivos, maltratadores o que humillen a otros por su condición social, religión, origen étnico u otro cualquiera que haga diferencia con la mayoría, antes de que lleguen a provocar desgracias;

2.- Establecer el  programa “todos somos supervisores” para que alumnos, maestros, el conserje, los empleados y otras personas integradas a la escuela, vigilen y estén atentos a lo que pasa a su alrededor y corran a denunciar un caso aunque se lleguen a equivocar, ante la autoridad escolar.

3.- No confundir el juego brusco y los incidentes que se dan en los deportes o durante el recreo como algo propio de la energía de los niños y jóvenes,  sino intuir que se trata de un acoso o violencia excesiva que pueda caer en el fenómeno que se comenta.

El recreo no existe para los profesores ni para el personal administrativo y de vigilancia.