Desarrollo y calidad urbana

La población urbana en México representa alrededor de un 80% del total y uno de cada seis mexicanos viven en zonas metropolitanas. Las ciudades de este país representan un repertorio de problemas que deben ser atendidas de manera integral y con un enfoque que sitúe en el centro la dignidad de las personas, sus derechos fundamentales y los nuevos derechos que se deriven de la convivencia urbana como son, la calidad de vida, el derecho a la movilidad y  a la seguridad, el acceso al espacio público, a un espacio libre de contaminación.

Los temas de desarrollo urbano humano y sustentable representan una articulación fundamental  que sintetiza la lucha de ONG’s por la construcción del bien común y la vocación municipalista, de fortaleza de las capacidades de los habitantes para transformar la nación en un ente más humano, digno y solidario.

Es necesario por lo tanto, construir un nuevo marco jurídico para el desarrollo urbano que permita a los centros urbanos del país evolucionar bajo un modelo de ciudades humanas y de calidad , que sea de carácter obligatorio en la integración de los planes y programas, incluyendo  los de las agencias de desarrollo metropolitano y para el desarrollo de infraestructura urbana , observando de manera integral el espacio público , así como el manejo de residuos , agua y drenaje , transporte y movilidad para preservar nuestro planeta . Todo ello respetando el tejido de convivencia social y comunitario, y el desarrollo familiar y humano.

¿Cómo se mide la calidad de vida en las ciudades?  Por los siguientes factores: estabilidad, calidad en

 la atención sanitaria, la cultura, el medio ambiente, la educación y las infraestructuras. Un comité internacional dio a conocer que las 10 mejores ciudades que califican son: Melbourne, Viena, Vancouver, Calgary, Sídney, Helsinki, Perth y Auckland (4 de Australia y 3 de Canadá).

Con estos modelos, las ciudades mexicanas están muy lejos de llegar a clasificar entre las primeras 40 del mundo, porque no se ha trabajado para ello desde un principio; durante tres generaciones, el municipio mexicano estuvo completamente olvidado por la Federación, arrojándole sólo migajas del presupuesto,  haciendo muy difícil la inversión en equipamiento urbano. Por otro lado, la mayoría de  los alcaldes no han sido funcionarios de carrera en administración pública y se han dedicado algunos a proseguir con proyectos de corto alcance sin una planeación estratégica, independiente de colores y banderas y con la exigencia de una sociedad civil organizada e independiente y por lo tanto sin capacidad para dejar suficiente infraestructura que mejore la calidad de vida de los ciudadanos.