Voces Ibero

La conciencia del otro

El bullying es un fenómeno social que es motivo de preocupación desde hace algunas décadas para las instituciones educativas.

Ante esto el Congreso de la Unión a iniciativa del Ejecutivo Federal promulgó la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en el que se impone a las autoridades educativas obligaciones específicas en materia de acoso escolar al grado de establecer sanciones a las escuelas que lo toleren.

Lamentablemente este tipo de acoso no es exclusivo de los niveles básicos.

Las universidades también enfrentan esta problemática en sus aulas de una forma más sutil en formas de “carrilla pesada en el grupo”, insultos en las redes sociales, “indirectas” o “chismes” originados porque a la víctima se le percibe “diferente” ya sea en su apariencia o en su posición social.

Este tipo de acoso generalmente lleva a la víctima al aislamiento que se puede traducir en deserción escolar o en los peores casos en suicidio.

Lo difícil en el acoso escolar universitario es determinar hasta donde debe y puede intervenir la universidad considerando que en la mayoría de los casos esto se trata de un problema entre adultos. 

Nuestra Constitución en su artículo primero protege la dignidad de las personas bajo el principio de no discriminación; es decir, el Estado debe intervenir frente a cualquier acto que tenga por objeto menoscabar el libre desarrollo de la personalidad y así proteger a las personas de un trato diferenciado. 

Este derecho al libre desarrollo de la personalidad implica un ejercicio de tolerancia y respeto hacia el otro y para ello se requiere que tantos los órganos legislativos, las instituciones educativas y la sociedad en general pongan manos a la obra.

Una de las tareas pendientes en materia legislativa es la creación de figuras que permitan identificar, prevenir y sancionar este fenómeno en las universidades.

De igual forma, las propias instituciones universitarias deben educar con un enfoque que permita visibilizar la normalización de la violencia en sus aulas, esto mediante talleres de sensibilización tanto a alumnos, maestros y personal directivo, así como la creación de protocolos de actuación para estos casos.

No menos importante es la tarea de los padres de familia de generar una conciencia de respeto y tolerancia a los demás en estos espacios de convivencia.