La Cueva de la Hidra

Quién me robó el Aniversario de la Revolución

Siendo niñas, nos llevaban a mi hermana y a mí al desfile del 20 de Noviembre. Después, ella lo haría con sus hijos y años más tarde, mi sobrina haría lo propio con las suyas. La costumbre de celebrar las fiestas cívicas en familia se convirtió en un ritual, como en muchos otros hogares, a un punto tal que una de mi sobrina nieta a los siete años estableció que el 16 de septiembre era el cumpleaños de la Patria. Con los años, mi marido y yo, compartiríamos la celebración y veríamos el desfile en la tele. Comentábamos acerca de los deportistas, los carros alegóricos con los campeones del deporte, a los guapos y a las guapas. Vamos, la presencia de la juventud sana en el desfile. Quien escribe, buscaba en el lenguaje no verbal de los invitados al palco presidencial señales que comunicaran como andaba el clima y, después, nos echábamos un tequilita y unas enchiladas.

Adentrarme en la historia de mi país se convirtió en una obsesión y en una pasión. Así supe que en noviembre de 1928 se celebró el inicio de la Revolución, por primera vez, con una carrera de relevos, y que a partir de 1941 el Presidente de la República encabezaba el desfile deportivo. Con los años, celebraría el hecho que en 1968 se hubiera "ganado la calle" para la sociedad, que el derecho a manifestarse fuera una realidad palpable. Hoy, sin embargo, advierto, que el derecho a la libertad de expresión y de manifestación, de suyo democrático, se ha visto trastocado por intereses oscuros que tratan de imponer una agenda violenta no sólo al gobierno sino a las verdaderas causas que mueven a los estudiantes y a las familias mexicanas que marchan pacíficamente y merecen respeto. Desazón generan sí, los encapuchados y sus juegos de artificio, así como preocupación por la manifestación creciente de la sociedad en busca de respuestas, de entender el qué y el hacia dónde.

Es hora de dar un final digno a la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, de dar las explicaciones a que haya lugar. Llegó el momento de hacer un control de daños y de empezar a realizar los cambios necesarios que se requieran; de ponernos a trabajar en combatir la impunidad y la corrupción, de impulsar la cultura de la legalidad; de reconciliarnos, de no descansar hasta ver la luz al final del túnel. La sociedad se está moviendo. Encauzar esa energía social es clave para el nuevo tiempo. No podemos desperdiciar la oportunidad. Enrique Peña Nieto encabezando a la sociedad pudiera revertir los efectos del desastre que hizo erupción en Iguala.