La Cueva de la Hidra

¿Y tú cuándo te reformas?

De tiempo en tiempo los gobiernos atienden a los reclamos y ritmos que la sociedad les marca. La historia se detiene, registra y se da una vuelta al rumbo. Ésta hace valer su peso. Es el caso de las reformas estructurales que en diferentes ámbitos se realizaron con el concurso del Poder Ejecutivo y el Legislativo, en respuesta a un "ya no podemos seguir así". La Reforma Educativa, la de Telecomunicaciones, Radiodifusión y Competencia, la Energética, llamada la madre de todas las reformas, además de la Hacendaria, la Política y la Laboral, se ocuparon de ello.

El tamaño de "Las Reformas" ha marcado un hito, un antes y un después en el pensamiento estratégico de las últimas décadas, en el deber ser asentado en la ley, y en el hacer colectivo. Al emprenderlas, se advertía que los resultados no serían inmediatos, pero era necesario poner el país a tiempo. No hacerlo representaba más riesgos y atraso que enfrentar el costo político de llevarlo a cabo.

Pero reformas que no van acompañadas de una transformación interna del comportamiento público de quienes integran la organización humana, pueden quedar en letra muerta. Lo importante para que trasciendan es que éstas se hagan valer a partir de la aplicación puntual y transparente de las recientemente aprobadas leyes secundarias. La sociedad ha de sentir en su vida cotidiana, en la calidad de la educación de sus hijos, en sus finanzas familiares, en sus empleos, en sus salarios, en su seguridad e integridad física y patrimonial, en los precios y tarifas de energéticos, servicios y productos de consumo que valió la pena. No se verán los logros de inmediato. A pesar de esta afirmación, sería deseable que el bolsillo ciudadano mejore, lo antes posible, a fin de que la sociedad confíe.

Si no queremos ser una de las economías más débiles de la región, si necesitamos contar con una conectividad eficiente, a fin de ser competitivos, es indispensable una participación responsable de la sociedad organizada, haciendo valer "Las Reformas", como en otros momentos se hizo con las leyes que nos modernizaron y pusieron en sintonía con el resto del mundo.

Tenemos que pasar del 44 por ciento de mexicanos que utilizan la computadora al 100 por ciento; del 46 que acceden a Internet, al 100 por ciento; de erradicar el analfabetismo funcional, la deserción escolar, de incrementar la eficiencia terminal de los estudiantes; de pasar del México que promete, a un México exitoso.