La Cueva de la Hidra

¿Qué pasó?

Si las cucarachas del vecino vienen a mi casa es porque aquí encuentran mejores condiciones de desarrollo, comen mejor que en donde estaban y el territorio y mercado mexiquenses les ofrecen más potencial. Y si la casa propia no se limpia a tiempo, ésta se va a infestar con los insectos. Las organizaciones michoacanas expulsadas lo saben. Se preparan para sobrevivir en estas circunstancias. Conocen las estrategias, están interesadas en el territorio y dispuestas a quedarse.

Por su densidad demográfica y desarrollo económico, así como por las zonas marginadas y de violencia que existen en el estado, la criminalidad viene creciendo, lo mismo en los municipios del oriente mexiquense, conurbados con el Distrito Federal que en los de tierra caliente colindantes con Michoacán y Guerrero y, haciendo lo suyo en el Valle de Toluca. Efecto cucaracha o no, lo cierto es que el problema ya no es regional o municipal, ahora es estatal y metropolitano. Lo que está ocurriendo en los últimos meses trasciende todo pronóstico de comportamiento delictivo en el Estado de México. No empezó ahora.

De acuerdo con los datos más recientes del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, los municipios de Naucalpan, Ecatepec, Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán y Chalco se ubican entre los más violentos del país. Esta semana Cuautitlán Izcalli dio testimonio de ello.

Se informa, asimismo, que al primer bimestre de 2014 se le clasifica como el más violento desde 2008 con 130 ejecuciones, no sin dejar de subrayarse el incremento del secuestro, la extorsión, los feminicidios y los asaltos en la vía pública.

En este sentido, el Observatorio Nacional Ciudadano señala que de cada 100 averiguaciones previas por homicidio intencional, 13 se iniciaron en el Estado de México y que el robo con violencia ocupó el tercer lugar a nivel nacional así como las ejecuciones, el segundo.

¿Qué pasó? No sólo puede ser el efecto cucaracha de la estrategia aplicada en Michoacán, sino la importancia del territorio por el que pelean lo mismo los cárteles que los delincuentes del orden común.

¿Qué pasó? ¿Impunidad, corrupción, juicios lentos, miedo a la denuncia, intereses creados?, lo cierto es que los mexiquenses viven una situación de emergencia que requiere del apoyo urgente de organismos federales con estrategias de alto impacto que ya han probado su eficacia en otros estados como Chihuahua, especialmente en Ciudad Juárez, Monterrey o la región de La Laguna donde ha disminuido la incidencia delictiva. En el estado, el problema sigue escalando.