La Cueva de la Hidra

De causas y de cauces

Un hombre muere en mí siempre que un hombre
muere en cualquier lugar, asesinado
por el miedo y la prisa de otros hombres.
Jaime Torres Bodet

No nos confundamos, lo totalmente malo o lo totalmente bueno no existe. En todos hay un poco o un mucho de mentira y hasta de maldad. Lo cierto es que el balance entre lo uno y lo otro, vamos la sensatez, el equilibrio, se da poco; en cambio, el desequilibrio social y económico que por décadas ha vivido el país ha producido criminales con tendencia a reproducirse, también débiles emocionales incapaces de aceptar los hechos y medios de comunicación parciales que en busca del rating confunden, integrando con ello una mezcla explosiva. Todo esto, a la luz de las conclusiones del Procurador General de la República, dadas a conocer esta semana sobre lo ocurrido en Iguala, caso en el que lo único que queda por hacer es lo imposible, "encontrarlos" y así dejar satisfechas a todas las partes. Queda claro, asimismo, que el retraso, la impunidad, la confusión, la manipulación y la desconfianza han sido los ingredientes principales del conflicto. Que se culpa a los vivos en cualquier papel que jueguen y que la tragedia exime a los muertos de posibles implicaciones. La investigación es cauta en señalarlo. Las autoridades municipales y estatales implicadas en los asesinatos eran del PRD, José Luis Abarca, el ex alcalde de Iguala y Ángel Aguirre, el ex gobernador de Guerrero, este último debe ser requerido. Debe saberse más de su actuación, la que explotó en Iguala.

En un escenario así nadie descansa en paz, ni los muertos. Se advierte que la manipulación ejercida sobre los padres y la opinión pública ha sido irresponsable. Toda manipulación lo es. Llama la atención, por cierto, la poca presencia de las madres de los desaparecidos. En cualquier tragedia son las primeras en hacerse visibles, llorar, demandar, luchar.

La verdad es cruel. Dar cauce al dolor se convirtió en la causa sin fin de quienes han perdido una noción de la realidad, después de haber sufrido la pérdida de sus seres queridos. Es natural, lo ocurrido ha trastocado y mezclado verdades con mentiras, razones con sinrazones, motivos con indiferencia. La percepción -como ha ocurrido siempre- se adueña de la opinión pública y los grupos en movimiento, sean sociales o políticos que andan a la pesca de buenas oportunidades para llevar agua a su molino, empiezan a mover la cuna. La confusión produce ceguera y quimeras. En esas estamos. Los hechos quedan. La investigación sigue abierta. La desconfianza se alimenta.