La Cueva de la Hidra

Y nos amábamos tanto

"La política requiere de eficacia para el progreso democrático...y de comprender a quien piensa distinto..." Jesús Reyes Heroles

A una semana de iniciadas las campañas electorales lo único que llama la atención a la ciudadanía atenta y a algunos otros que las siguen profesionalmente o por aburrimiento, es el pleito entre el PRI y el PAN, y por ahí el PRD por sus spots promocionales de señalamientos y descalificación de unos y otros, sin propuesta ni ideas que valgan la pena y aporten; crónica anunciada de una campaña pírrica en la que el pleito es lo único que destaca y que en nada abona a la aprobación ciudadana de los partidos y de la clase política, caídos en descredito, lo que sumado a la celebración de una elección intermedia de diputados federales, siempre de baja participación, y a las 11 locales de los estados, anuncia la pérdida de votos para todos los partidos y, en los electores, creciente desconfianza, hartazgo e indiferencia. Se profundiza el encono. Lo que se gana es poco. Se trata de una estrategia de perder, perder.

Con una preferencia por el PRI del 32 por ciento, 22 por el PAN, 14 por el PRD, 8 por ciento por Morena y de menos a menos por otros partidos, así como con una regulación surgida de la Reforma Política Electoral del 2014 que vino a complicarle las cosas a los candidatos con limitaciones, "fiscalización estricta" y una lupa muy atenta, se advierte un ambiente propicio para campañas rijosas que en un solo "grito electrónico" o de redes sociales logren un suceso mediático, la atención de los espectadores y, después, vámonos al golpe que sigue. Así las cosas, los segmentos programados de interminables promocionales planos, grises de los partidos políticos que se transmiten en televisoras y radiodifusoras, convierten a las campañas en un ruido anodino que solo el escándalo rompe y llama a voltear a verlos o escucharlos.

Al iniciar el régimen, firmaron el Pacto por México los tres principales partidos. Noticia vieja de un romance concluido hoy por los golpes bajos. Rompen por ahora y dejan heridos en el campo electoral y en el ciudadano a mexicanos desconfiados, desesperanzados, decididos a no votar, salvo que el contacto directo que busquen los candidatos con la gente, con sus propuestas y capacidad persuasiva muevan o conmuevan a los votantes; de otro modo no se ve cómo. En este escenario todos pierden: la lucha democrática y la política, también.