La Cueva de la Hidra

Voto incierto

El próximo domingo 7 de junio se celebra uno de los comicios electorales más complejos de la historia reciente del país. Se renueva la Cámara de Diputados, se eligen 9 gobernadores, dieciséis congresos locales y 857 presidencias municipales distribuidas en ocho estados, en total 1 mil 994 cargos de elección, sin contar regidores y síndicos.

Si hemos de atenernos a lo que dicen las encuestas, el PRI pudiera ganar la mayoría de las curules en la Cámara de Diputados con la alianza del Partido Verde y Nueva Alianza, 2 gubernaturas estarían aseguradas, Campeche (PRI) y Baja California Sur (PAN), muy cantadas, las otras siete pudieran ser para cualquiera de los tres principales partidos. Todo ello, definiendo la República para los próximos tres años en la Cámara de Diputados y seis en los estados en que se celebrarán elecciones, lo que tiene una dimensión importante, trascedente, ocurre, sin embargo, que en esta ocasión, el enojo, el hartazgo, el ánimo revanchista de los electores pudiera manifestase en un voto de castigo, oculto o nulo, difícil de predecir; es decir, que la simulación ciudadana al responder a los encuestadores, actúa en el mismo sentido que los partidos políticos, los candidatos y los políticos. El voto oculto no se expresa en las encuestas, el ciudadano oculta su verdadera intención, pero el día de la jornada lo hace valer, lo que pudiera actuar a favor o en contra de cualquier partido. Así las cosas, la campaña emprendida por diversos grupos de audiencias informadas en el sentido de acudir a las urnas para anular el voto, deja a la participación ciudadana anulada; es un no a todo en un momento que el país necesita participación, decisión y soluciones, no "nadar de muertito".

El voto nulo que sustenta su decisión en no estar de acuerdo con nada, con el rumbo del país, con ningún partido, con los políticos, con los gobernantes, es libre pero no decide, agranda la posibilidad de que gane el partido con el que menos se pudiera identificar el elector; en suma, no ayuda. El voto nulo, para acabar pronto, cancela la posibilidad de éste de aprobar, corregir o castigar, vamos, de corregir el rumbo, saliendo a votar.

En un mundo cambiante como el que se vive, en el que nada es claro, la incertidumbre democrática requiere de la certeza del voto a fin de alimentar la vida plural, la que con todos los errores, corruptelas o desatinos, es la forma civilizada de definir el camino y hacer los cambios que la ciudadanía dicte. Optar por el camino de los votos, no de las balas es la opción.