La Cueva de la Hidra

Vivir para Contarlo

En una agenda pública marcada por los hechos de Tlatlaya, los muertos y desaparecidos de Ayotzinapa, ser testigos del diálogo inédito entre el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y los estudiantes del Politécnico Nacional en plena calle, a las afueras de la Secretaría de Gobernación, los días 30 de septiembre y 3 de octubre nos tomó por sorpresa.

En vísperas de conmemorarse la matanza de Tlaltelolco, un Secretario de Gobernación salió a la calle por primera vez. Lo inédito ocurría. Hubo diálogo. Ofreció soluciones y un nuevo encuentro para dar respuesta al pliego petitorio de los estudiantes. Así se hizo. Queda claro que se trata de un tema de gobernabilidad, de evitar que el conflicto escalara en vísperas de una fecha emblemática.

Si las razones de los estudiantes del Poli tenían o no el tamaño para generar un problema que pusiera en alerta a la autoridad, es un tema del que se hablará los próximos días. Lo cierto es que el tiempo en que se dio el anuncio del nuevo reglamento no fue el propicio. La brillante Dra. Yoloxochitl Bustamante equivocó el momento. No hay conflicto pequeño si éste no se detiene a tiempo. Al final, la marcha del día 2 sería pacífica. El 3 un robusto contingente volvería a sostener el diálogo con el Secretario, quien daría respuesta.

Si hace 46 años la autoridad hubiera bajado a la calle a encontrarse con los estudiantes, la historia habría sido otra. Pero entonces el autoritarismo en todos los órdenes de la vida se dejaba sentir. La tarde del 2 de octubre del 68 no habría habido tantos muertos, heridos y desaparecidos, y el relevo generacional no se habría quebrado. Se vive para contarlo.

El diálogo que vienen teniendo las autoridades con los estudiantes del Politécnico es, quizá, el mejor homenaje que se pueda rendir a los caídos aquella tarde sangrienta. Que no se olvide. Que no se repita.

Acaba de morir Raúl Álvarez Garín, antes Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, también Eduardo Valle, El Búho, líderes del 68. Les sobreviven Gilberto Guevara Niebla, Luis González de Alba, Salvador Martínez de la Roca, entre otros, así como una generación que ha empezado a morir y que pugnó por el diálogo, la libertad, e hizo de la calle el espacio del debate. Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría no lo entendieron.

Por si alguien lo hubiera olvidado, la lucha por la libertad frente al autoritarismo fue el caldo de cultivo que propició el estallamiento del movimiento. Este país está cambiando. Hoy la plaza pública es un hecho.