La Cueva de la Hidra

Scherer y Charlie Hebdo

El ataque a la revista francesa Charlie Hebdo nos muestra que la libertad de expresión es un tema que día con día construye ciudadanía. Y la intolerancia, barbarie. En los países demócratas, en una sociedad civilizada cualquier exceso en la libertad de expresión es preferible al más mínimo acto de represión porque de lo contrario mañana se prohibiría o reprimiría a todos los que piensan diferente. Patrimonio del ser humano es su conciencia, su cuerpo, su libertad y su palabra. En México, el periodismo ha sufrido 80 bajas y 17 desaparecidos en los últimos 10 años, de acuerdo a lo que informa "Reporteros sin Fronteras". A pesar de los caídos, el pensamiento y la palabra se siguen expresando en libertad. Se debe seguir haciendo. Ha sido la manera de deliberar, de debatir y de confrontar los hechos en un tiempo confuso en el que el periodista da la cara a diferencia de quienes siembran el rumor, la mentira, el infundio. En este sentido, Julio Scherer iniciaría un modo de hacer periodismo consecuente con el siglo XX: directo, ágil, sin concesiones.

El pasado miércoles 7 de enero murió, no a manos de los extremistas sino de la enfermedad. El periodista paradigmático al que muchos seguirían y tantos más señalarían pero que reconocen como el constructor del nuevo periodismo mexicano cerró la edición de su vida.

Julio Scherer, hombre probo de luces y sombras luchó por su proyecto desde que salió de Excélsior, después de la confrontación que éste habría tenido con el Presidente Luis Echeverría, situación que llegó a límites tales del ingreso del Ejército a las instalaciones de la cooperativa del periódico.

Se fue a fundar CISA, compañía editorial que daría a luz la revista Proceso, de la que fuera director durante más de treinta años con el apoyo como subdirector de Vicente Leñero, recientemente desaparecido, su hermano en el periodismo, en la escritura, la ideología, vamos de vida. Murieron con diferencia de un mes.

Antes habrían muerto Miguel Ángel Granados Chapa y Manuel Becerra Acosta, colaboradores de Scherer, en su momento. De él se puede decir que acertó y se equivocó, que fue crítico del sistema pero lo asumió. No se dobló. Hizo muchos buenos amigos, también adversarios. Formó alumnos. Será recordado, admirado o descalificado por lo que hizo, no por lo que dejó de hacer. Quien se compromete con la palabra no puede, no debe dejar de escribir; ha de dar cuenta de los hechos de su tiempo. Scherer García lo hizo con una escritura clara, sucinta, nítida; ni una palabra de más ni una palabra de menos.

Descanse en paz. Que la búsqueda de los hechos en la nota sea su legado.