La Cueva de la Hidra

Revolución: Vocación y Destino

Si no se entienden y atienden los conflictos a tiempo, estallan. Evolucionar, revolucionar, reformar es el destino de un país que se define moderno, republicano y federal, y con aspiración democrática; el que busca resolver, haciendo política, los problemas oportunamente, con diálogo permanente, legislando y convirtiendo las leyes en proyecto consensuado de la Federación.

Hacer las reformas necesarias para corregir y actualizar lo que ya no funciona, para ser viables y compatibles con la sociedad global. Posponerlo nos ha llevado al dolor y la incertidumbre.

En el siglo XIX, las Leyes de Reforma se promulgaron a consecuencia de un estado de cosas insostenibles con el clero, los grupos de poder y la injusticia social; éstas no sólo producirían una visión moderna del Estado mexicano, sino que por primera vez se establecerían los derechos civiles como la libertad de cultos, el registro civil, el matrimonio, así como la nacionalización de los bienes eclesiásticos y de la propiedad comunal indígena. Después, al inicio del siglo XX, al detonarse la Revolución Mexicana, tras una lucha cruenta entre caudillos y regiones y un proceso de pacificación complejo, se requeriría de mucha política para arribar a la promulgación de la Constitución de 1917: Proyecto Nacional que daría origen a la vida institucional que hoy nos rige. 60 años más tarde, la Reforma Política de Jesús Reyes Heroles daría el primer gran salto de apertura y democratización que la ampliaría.

Hoy, las expresiones de inconformidad social por la situación económica, la inseguridad, la beligerancia de la CNTE y otros grupos aliados a intereses fácticos, el crecimiento del poder y control de territorios de las organizaciones criminales son síntomas inequívocos que los conflictos siguen escalando. Se les está saliendo al paso con las reformas que se están emprendiendo en materia laboral, educativa, fiscal; y, en agenda, la Reforma Energética y la Política, monedas de cambio de partidos e intereses, las que sumadas a las hasta hoy 10 reformas electorales realizadas desde 1997, hablan no sólo de asumir los tiempos sino de ser consecuentes con una vocación que siendo destino es definitiva para el futuro: revolución de las ideas y de las prácticas políticas.

Las urgencias sociales están determinando el rumbo. No sabemos si bien leídas o no, pero se está en ello. Las reformas van. Es urgente poner en la ley, como expresión civilizada, lo que ya no aguanta, e ir más allá, evolucionar. La historia no espera.