La Cueva de la Hidra

Pascua. Paz. En Paz

Un domingo de Pascua más. Ritual que se repite año con año al término de las "vacaciones de Semana Santa", del paréntesis que hacen en su rutina quienes pueden. Necesidad de encontrar reposo, descanso. Paz en nombre de la cual numerosas guerras se han emprendido y han estado a punto de acabar con la civilización y la especie, además de enriquecer obscenamente a la industria de la guerra. Anhelo contradictorio en el que la divergencia, el disenso, la libertad tienen poca cabida; es la aceptación de todo a cambio de vivir en paz. Paradoja de un tiempo violento que no se diferencia gran cosa de otros ni de la lucha interior del ser humano.

La celebración de este ritual cristiano en torno a la resurrección de Jesús y judía en lo que se refiere a la liberación de su esclavitud en Egipto, reúne en una misma fecha, al antiguo y al nuevo testamentos. El ritual alcanza a millones de personas. Hay quienes intuyen su significado y sentido, lo cierto es que esta concepción de paz se va convirtiendo, cada día más, en una quimera en un mundo convulsionado por la lucha por la sobrevivencia, por el poder, por las neurosis individuales y colectivas, por la pérdida de creyentes y por el crecimiento de doctrinas novedosas, así como por la transformación de los seres humanos, en mitad máquina y mitad conciencia, gracias a las nuevas tecnologías de la información. Pareciera que los valores humanos van desapareciendo de generación en generación y que el cambio a un nuevo mundo nos abisma al silencio, a la incomprensión y a la insensibilidad respecto de los otros.

Estar en paz es lo que la gente buena quiere y espera, vamos, vivir sus vidas sin sobresaltos, dejar de ser una estadística de la violencia o de los sistemas informáticos; ser personas que con religión o sin ella tienen derecho a vivir sus propios proyectos, a estar en equilibrio con un entorno también igual, en el que la cultura de la paz florezca gracias a condiciones de igualdad, equidad, justicia y oportunidades; así darnos la paz no sólo sería un ritual católico sino una realidad de la vida pública.

Sin embargo, la contradicción también se expresa en las vidas sencillas y cotidianas: los padres les dicen a sus hijos"hagan las paces", cuando pelean, pero frecuentemente los increpan con la expresión"déjenme en paz", lo que significa que quieren estar tranquilos, sin que los molesten. Fotografía de la convivencia de muchas familias y comunidades donde la violencia se incuba y crece a niveles de los que posteriormente darán cuenta medios e informadores.