La Cueva de la Hidra

El Paradigma

De cuatro a diez horas a la semana de series y películas violentas por televisión, en el cine, exaltación del mundo del crimen y sus antihéroes, un manejo irresponsable de contenidos oscuros en redes sociales y noticieros que dan cuenta de descabezados, muertos, niños sicarios, pozoleros, fosas clandestinas, sacerdotes pederastas, niñas violadas por sus padres, feminicidios en todas sus expresiones y más, han convertido en banal la tragedia humana de nuestro tiempo; somos testigos y actores de ésta. En ella, cada quien va por lo suyo y no le importa lo que le ocurre al vecino.

Dentro de la cultura del crimen los muy jóvenes sostienen afirmaciones como "más valen cinco años de rey que cincuenta de buey". Así, la escalada de la violencia que inicia en la niñez, en la familia, en la comunidad o en la escuela, producto, entre otras cuestiones de la indiferencia y el descuido de una cultura que favorece el consumo y la búsqueda rápida de satisfacciones, encuentra en las organizaciones criminales, pertenencia, identidad, "reconocimiento", automóviles, mujeres, dinero a cambio de distribuir drogas, de matar, de secuestrar o de extorsionar. En suma, el paradigma de la violencia imbuido en los jóvenes.

En Michoacán y en Guerrero proliferaron los grupos de autodefensa con la idea, se dice, de hacerse justicia por mano propia, defender a sus familias y sus bienes, "garantizándoles seguridad", la que la autoridad no les dio por años. Lo hicieron según lo manifiestan para protegerse de los grupos criminales, integrados mayormente por jóvenes, hoy puentes entre la delincuencia y las autodefensas, antes compañeros de juego y vecinos.

Frente al predominio de contenidos violentos, ya sean de recreación o informativos y el éxito de los antihéroes de la cultura del crimen, llegó la hora de cambiar el paradigma y recuperar el sentido y el valor de la vida, propios de una sociedad civilizada. Para combatirlo se requieren además de las estrategias gubernamentales de combate al crimen, programas de televisión, películas, novelas, insertos en libros de texto y estrategias en redes sociales impulsando el valor de la vida. Publicitar de manera reiterativa y machacona, el concepto, como lo hacen las campañas publicitarias.

Comunicar, difundir, persuadir a niños y jóvenes que la vida es su proyecto fundamental. En la familia, en la escuela, en la comunidad han de neutralizarse los contenidos negros con otros suficientemente atractivos para las nuevas generaciones, convirtiéndolos en los defensores que promuevan y difundan esta cultura.

Cambiemos el paradigma.