La Cueva de la Hidra

Los Olvidados

Una sociedad en la que los niños matan, en la que han aprendido a ocultar el crimen (maquinación) y su saña se ha expresado en el asesinato de su hermano, está perdida. Ocurrió en una colonia de Chihuahua de alta marginación económica pero pudo ocurrir en cualquier otro lugar del país. De hecho, hay otros casos, como Abraham, el niño regiomontano de 13 años, detenido y acusado de sicario; el de Edgar Jiménez Lugo, "el Ponchis", llamado también "el niño sicario", detenido a los 14 años de edad en el estado de Morelos, acusado de varias ejecuciones, liberado en 2013 y asesinado días después en presunta venganza. Estos casos hablan de descomposición social y de olvido, de una niñez que requiere atención urgente.

Casos como el ocurrido el 14 de mayo lastiman a todos, nos ponen en entredicho a muchos: familias, maestros, autoridades, comunicadores, medios de comunicación; nos confrontan con una sociedad que ausente de valores y principios llega a la era de la globalización y la sociedad de la información con un tejido social roto, en el que no pueden desarrollarse las comunidades y cualquier campaña política que se precie de humana, comprometida y responsable no puede ser omisa de este estado de cosas.

¿Alguna vez los padres de estos niños asesinos, si es que los tienen, les hablaron del respeto a la vida, a la niñez, a los ancianos? ¿Qué pasaba por la mente de quienes torturaron a Cristopher, de quien apuñaló una y otra vez a su víctima? ¿Qué los movió? ¿Se sintieron poderosos, dioses, satisfechos? ¿Qué programa de televisión morboso o película de narcos los enfiló a formar parte de la pandilla del rumbo donde despertaron su instinto salvaje? ¿Quiénes son sus maestros? ¿Van a la escuela? ¿En qué rincón de sus emociones se anida la piedad, el amor, la ternura? Seguramente nunca se los dieron a ellos. Olvidados entre los olvidados hoy hacen sentir el peso de su venganza y de su horror.

Estamos frente a una sociedad enferma en la que se pasó de la indiferencia, la complacencia, la desatención y la impunidad al voyerismo morboso, al golpe, el rasguño de los padres o hermanos, después vendrían la pedrada, los pleitos, la tortura, las violaciones que nunca se detuvieron, hasta llegar al asesinato, a la creación de asesinos, del niño sicario, de los narcomenudistas, de niños golpeadores de sus padres y abuelas. Los lugares donde crecen los violentos están claramente identificados. Se emprenden estrategias pero falta determinación para llegar al fondo. El mensaje es claro: los olvidados se hacen escuchar.