La Cueva de la Hidra

La Misión

Los 500 candidatos a diputados federales, ganadores en la elección de este año, tendrán una misión muy clara al llegar a la Cámara de Diputados, contribuir a construir una agenda legislativa regida por el espíritu de la legalidad y la credibilidad, que a pesar de parecer un contrasentido en su función, no lo es.

Al llegar a la LIX Legislatura, las reformas estructurales estarán en curso y muchas otras leyes secundarias habrán sido elaboradas. Hay vacíos, omisiones, sin duda, muestra de ello es el nombramiento de Virgilio Andrade en la Secretaría de la Función Pública, la que hoy enfrenta el reto de investigar y evaluar el actuar del propio Presidente de la República, de la esposa de éste y del Secretario Luis Videgaray –gulp– ante la ausencia del legislativo en la solución de la creación de la Fiscalía Anticorrupción, tema que le correspondía y que no tendrían que asumirlo otros.

El impulso de la legalidad es un deber superior en este momento y quién sino que los diputados y senadores para emprender tal cruzada, la que ha de anteponer el deber ser a cualquier otra cuestión. La Cámara de Diputados tendría que impulsar en toda esfera y responsabilidad, la cultura de la legalidad, ejerciéndola, viviéndola, siendo ejemplo. Recuperar la credibilidad y la confianza en las instituciones, necesaria para gobernar, tiene que darse en esta lucha ciudadana y política. Hay leyes, el proyecto de país existe, lo rige la Constitución Política, lo que se requiere, entonces, es que seamos partícipes todos, personas públicas y privadas, empresarios y servidores públicos, medios de comunicación, periodistas, estudiantes, intelectuales, obreros, líderes, jefes de familia, organizaciones sociales, vamos, todos; es empezar a decir NO, "a esto no le entro", para empezar a cambiar. El problema de la corrupción no es sólo de un sexenio ni de una legislatura, viene de atrás y está grabado en el actuar público de muchos.

La gobernabilidad requiere no sólo de un Poder Legislativo robusto, solvente, capaz, sino del respaldo ciudadano para ofrecer buenos resultados. Para contar con él hay que empezar por cada mexicano, por cada ser humano que transgrede la ley a sabiendas que lo está haciendo. Empezar a educar en ello a la niñez, desde la escuela, es inaplazable.

De los candidatos que están por registrarse, nos preguntamos quién presidirá la Cámara, quién tiene los atributos necesarios para hacerlo: ser, parecer y ejercer un liderazgo a la altura de las circunstancias basado en su integridad, resultados y saber hacer, para cumplir con su misión y reconstruir el prestigio del quehacer legislativo, principio de gobernabilidad.