La Cueva de la Hidra

La Mirada de Francisco

El Papa llega el viernes 12 de febrero. No viene a hacer política –dice–, viene a ver, a sentir, a vivir lo que les pasa a los mexicanos; también a nutrirse de la fe de este pueblo que resiste; a saber de qué estamos hechos.

En la Ciudad de México estará poco. Será recibido como Jefe del Estado Vaticano por el Presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional –nunca antes visto– y le entregará las llaves de la Ciudad, el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Visitará a niños con cáncer y, hasta donde se sabe, tendrá un encuentro con obispos mexicanos (es bien sabido que Monseñor Norberto Rivera no ha facilitado el encuentro con el Papa en la Ciudad de México). También estará en la Basílica de Guadalupe para orar a solas frente a la Guadalupana. El Papa jesuita, guerrero como el fundador de su orden, seguramente hablará fuerte a sacerdotes y obispos.

Estará en Chiapas, Michoacán, Chihuahua y el Estado de México ¿Le maquillarán la realidad? Él quiere encontrar verdades. Francisco visitará San Cristóbal de las Casas, donde la injusticia, marginación y el antecedente insurgente de los indígenas es muy claro. Ojalá le permitan ver a los excluidos que no tienen voz. Estará aquí en Ecatepec, el municipio más poblado del país, donde la violencia, los feminicidios, y el crecimiento desmesurado han convertido la vida de sus habitantes en miedo e incertidumbre. Asistirán 500 mil personas con boleto y se estiman 2 millones en total; difícil de imaginar pero la desmesura es la constante del país. También estará en Morelia donde cárteles y autodefensas han bañado de sangre Michoacán, ahí celebrará misa para religiosos y se encontrará con jóvenes. Oficiará una misa binacional en Ciudad Juárez, lugar donde la frontera es una herida, y se dará tiempo para visitar una cárcel. No se sabe de cierto, si en algún momento se reunirá con los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa.

Se escuchará su mensaje en 13 alocuciones, entre homilías, Ángelus y discursos ¿Hablará del crimen organizado, violencia, narcotráfico, corrupción, impunidad y la obscena concentración del ingreso frente a la pobreza más lacerante? De las miserias humanas de hoy ni vale la pena ocuparse, hay temas más urgentes. Paco –permítanme llamarle así, porque me parece entrañable y cercano– viene a tocar las fibras más íntimas del dolor de los mexicanos, a alentarlos y a buscar en el fondo de cada uno, la capacidad de verdad, solidaridad y alegría; quizás a impulsar a los mexicanos a no perder la fe, su humanidad y su calidad de seres humanos.