La Cueva de la Hidra

Marcelino, PAN y lo que Vino

El país está enfermo de desconfianza y suspicacia. En este sentido pareciera que los acontecimientos como los escándalos de Oceanografía y la Línea Dorada del Metro, han venido a confirmar el prejuicio que sobre los gobernantes tiene la opinión pública, ahora protagonizados por el PAN y el PRD en un mismo tiempo mediático.

Los actores involucrados se han deslindado. Nadie asume la responsabilidad. Todos hablan como Cantinflas y no llegan al fondo. Llenan espacios confusos sin ocuparse de explicar a los afectados que pasó en realidad. Mientras, se sigue perdiendo la confianza ciudadana y sin ésta, la democracia participativa pierde.

Pareciera una broma macabra que corresponda a Joel Ortega, quien fuera defenestrado de su cargo de Jefe de la Policía del D.F. por el caso News Divane durante la gestión de Marcelo Ebrard, encabezar la investigación sobre el desastre de la Línea Dorada, que a poco que se observe y siga, ofrece aristas de corrupción, incapacidad y negligencia evidentes; esto por lo que hace al gobierno perredista que encabezó Marcelo Ebrard. Por el equipo azul de los panistas, en proceso de renovar al Comité Ejecutivo de su partido están, de una u otra manera, bajo la lupa, ya sea por el fraude de Oceanografía en el que empiezan a surgir nombres como los de los hermanos Bibriesca Sahagún, como por la amenaza de no entrarle a la discusión de las leyes secundarias de la Reforma Energética. No olvidar tampoco la presunción de información privilegiada de la Cocoa Calderón sobre organizaciones michoacanas o la oscura gestión de Genaro García Luna, el diezmo y otras chuladas que contribuyen a la muy baja aprobación  de los políticos mexicanos.

El caso es que entre deslindes, aclaraciones y declaraciones, un encuentro con la sociedad a fin de dar la cara, explicar a fondo lo ocurrido, asumir los costos de los hechos y sancionarlos, no se ha dado. No veo al Ing. Alonso Quintana, Director General de ICA o al Ing. Carlos Slim de Carso ni a Marcelo Ebrard reuniéndose con los usuarios de la Línea Dorada a comprometerse a restañar los daños. No lo he visto. Creo que no lo veré. Tampoco a los contratistas de Oceanografía y a todos los involucrados en el tema, asumir lo necesario para resarcir a la Nación y a los trabajadores por el daño financiero y laboral, además de la confianza perdida, problema que se reflejará en las elecciones de 2015.

Ni Marcelino ni el PAN ni el PRD ni lo que vino están ayudando al país a cerrar heridas pero pagarán cuentas. Al final, quienes hacen el juicio son los mexicanos, los que ya no creen ni en bendito y serán los que sancionen y elijan en 2015.