La Cueva de la Hidra

Madres a los 13 años

En comunidades marginadas en condiciones de pobreza, violencias y atraso, el embarazo adolescente es una realidad que expresa contundentemente la indiferencia sobre un tema sensible, trágico e inhumano. De acuerdo a lo que consigna el INEGI los estados del país donde más se presentan estos embarazos adolescentes son Chihuahua, Coahuila, Durango, Nayarit, Sonora y Sinaloa: el norte del país. Lo que no significa que esta incidencia no se presente en otras regiones.

Entre 1997 y 2012 el incremento del embarazo adolescente pasó de 16.3 por ciento a 19.4. De acuerdo con datos del INEGI y un artículo publicado por Mario Luis Fuentes, en este sentido, en cinco estados, uno de cada cinco partos ocurre en menores de 19 años y en el resto del país se rebasa el promedio nacional del año 2000. Las inferencias que esta información sugiere son múltiples: falta de programas y campañas extensivas e intensivas de prevención del embarazo adolescente, de planificación familiar, dificultad en el acceso barato a productos anticonceptivos, falta de centros de orientación a niñas y adolescentes, la moralina decimonónica; y, desde luego, ignorancia, pobreza, miedo de las niñas a confiar sus problemas a sus padres, machismo y una Iglesia poco piadosa con estas adolescentes que además de sufrir el abuso, son señaladas familiar, social y religiosamente. Cerrar los ojos, sólo agudiza el problema. Asumirlo, enfrentarlo y adoptar enérgicamente las estrategias necesarias, resuelve; es más humano. ¿Y de legislación cómo andamos?

Mujeres niñas cuyos cuerpos, mentes y emociones no han madurado y están embarazadas, cómo van a criar, a formar y a educar a sus hijos. El destino de ellos, a poco que se piense es desastroso.

El periódico español El País señala que en el mundo hay 200 millones de mujeres en países subdesarrollados sin acceso a métodos anticonceptivos, entre ellas, muchas adolescentes: en plena era global, con la sociedad en la información y el conocimiento transformando la vida de los seres humanos, parece inaudito.

México en los años setentas, ochentas y al principio de los noventas hizo esfuerzos constantes en materia de planificación familiar y educación sexual. La realidad sugiere que han de recuperarse estas políticas públicas e ir más allá, así como impulsar campañas de difusión que de manera sencilla y accesible orienten a la población en edad fértil, la que empieza en la adolescencia. La mirada de mujer en el diseño de estas políticas, en su legislación y en la puesta en marcha cobra sentido porque su presencia en la vida pública llegó para quedarse; es indispensable.