La Cueva de la Hidra

Jaque


El capo de capos, el de los grandes negocios en México y el mundo, el de los vínculos estratégicos, el que dio empleo en su Cartel, el que generó actividad económica donde no la había, que premió lealtades con dinero y poder y castigó con la vida, deslealtades, el constructor del imperio del narcotráfico más poderoso que puso contra la pared a presidentes y a sus gobiernos, finalmente cayó. Joaquín Guzmán Loera, alias "El Chapo Guzmán" fue recapturado y con él debilitada su nefasta organización, que no liquidada. ¿Dónde está ahora el "Mayo Zambada", su brazo operador? ¿Dónde quienes favorecieron el crecimiento de ese árbol de corrupción, complicidades, violencia y criminalidad en diversos ámbitos de la vida económica y social del país y extendió sus tentáculos más allá?

"El Chapo" sería capturado el 9 de junio de 1993 y remitido al penal de alta seguridad de Almoloya de Juárez, después al de Puente Grande en Jalisco. En 2001, durante el sexenio de Vicente Fox, escaparía y el sábado 22 de febrero pasado, en lo que algunos llaman suerte y otros investigación, determinación y estrategia, fue recapturado. El Gobierno del Presidente Peña Nieto daba un golpe certero y dejaba constancia de su actuar. Se libraron las órdenes de aprensión y será juzgado en nuestro país como afirmaría el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Los Estados Unidos urgirían a extraditarlo, a fin de mantenerlo callado, bajo control y cerrar el expediente. Por ahora no será así.

La revista Forbes ha señalado que el 25 por ciento del narcotráfico que se mueve en el mundo lo maneja el Cartel de Sinaloa y que la fortuna del "Chapo" asciende a mil millones de dólares; en esa medida y, a poco que se piense, una y otro forman parte del Producto Interno Bruto. Si esta organización da empleo, crea empresas, genera riqueza, mueve dinero en diversos países, cómo no explicar la manifestación del miércoles pasado en Culiacán, que por pagada que fuese, mostró músculo, la que aunada a la cultura narca que prevalece en no pocos lugares del país, agudiza el complejo tejido criminal del Cartel con ramificaciones múltiples y profundas en el sistema.

Existe una cultura del narcotráfico que, con el beneplácito de muchos, ha crecido y favorecido que jóvenes en la búsqueda de pertenecer a estos grupos delictivos se vean influidos por corridos, películas, novelas, telenovelas, moda, el Santo Malverde de Culiacán, el de los narcos. Quienes ingresan a la organización tienen empleo, ingreso, identidad de grupo y oportunidad de ascenso. En el mundo formal, falta de oportunidades. Así creció el monstruo. Hoy se le ha cercenado.