La Cueva de la Hidra

El Homo ciber se equivoca

El gasolinazo se comunicó fuera de tiempo, los grupos interesados tuvieron oportunidad de hacer planes y el vandalismo se expresó con lujo de violencia. "Los que menos tienen se llevaron televisores y muebles", no artículos de primera necesidad, dejaron saber de su ira, se despertó al México bronco con una campaña muy bien orquestada de rumores a través de correos electrónicos y whatsapps que infundieron temor, alimentaron la rabia y convocaron al desorden. Las redes sociales hicieron sentir todo su peso, magnificando lo que de suyo ya es difícil y merece una comunicación responsable.

Profesionales, medios de comunicación y sociedad, dieron cabida a rumores, a la mentira, a afirmaciones falsas. Se identificaron cuentas de twitter que se abrieron el primero de enero; éstas fueron la inteligencia atrás de los actos vandálicos que desestabilizaron la vida cotidiana de las familias y de las personas, tan fue así que profesionales serios de la comunicación reconocieron haberse "ido en banda" con lo que publicaban las redes, sin confirmarlo, contribuyendo de esta manera a la desazón y al desconcierto vivido en estos días en el país, movimiento que se inició el 27 de diciembre, fecha en que se dieran a conocer los nuevos precios de las gasolinas como se había advertido antes.

El papel de los comunicadores es informar lo comprobable, comunicar con claridad, orientar, no desorientar, editorializar sí, pero el llamado a la violencia no debe pasar ni por los medios de comunicación ni por las redes sociales en un Estado de Derecho. Hay enojo, sí. Se defiende la libertad de manifestación y de expresión, desde luego, pero el vandalismo no.

No olvidemos que este es un año electoral en el Estado de México y, el próximo, en el país y que no es la primera vez que en vísperas de sucesos como estos ocurren movimientos que buscan enrarecer la vida nacional. Preguntémonos quien gana con este estado de cosas y quienes pierden. Ahí se encuentran respuestas. Hay quienes cuentan con los recursos necesarios para mover a la canalla, en un ambiente que el enojo lo favorece. El país sigue siendo de instituciones que pretende vivir en un Estado de Derecho que ha de impulsar una cultura de la legalidad que canalice enojo, desacuerdos, protestas de otras maneras. Gobernar y comunicar, hoy más que nunca, son expresiones de un mismo actuar.