La Cueva de la Hidra

Democracia secuestrada

"La participación ciudadana no se agota en las elecciones..."
Jesús Reyes Heroles

Nuevas reglas, candidatos desorientados, sin propuestas. Campañas faltas de emoción, de pasión, vamos, de ganas. Partidos secuestrados por culpas que tienen o que les adjudican. Cuotas de género que no se cumplen o se hace a fuerzas, vergonzantemente, sin convicción. Miedo de todos los actores involucrados en el proceso electoral de caer en la transgresión de las reglas y ser invalidados. Un organismo electoral responsable de aplicar la Reforma Electoral con una estructura y una organización que tendrá que probar que es mejor o por lo menos igual de eficaz que el IFE. Ciudadanos hartos, irritados, indiferentes que, en el mejor de los casos, dubitan entre votar o no votar, en suma, una vida democrática que deja insatisfechos a todos. Este es el escenario en el que se llevarán a cabo las elecciones del 7 de junio, elección que por otro lado es la hora de pasar examen al régimen del Presidente Enrique Peña Nieto. Hito de gobernabilidad. Cámara de Diputados del segundo tiempo con algunas nuevas caras y otras muy vistas y gastadas, con una misión que se advierte compleja, sin ánimo. Se trata del tránsito a un nuevo tiempo, punto de quiebre de la historia o historia del punto de quiebre. No se advierte, por otro lado, la voluntad ciudadana de transformar, de ir más allá del status quo. Unos y otros esperan que las cosas cambien milagrosamente.

En este mismo sentido, la cromática de los partidos es expresión del ánimo que se respira en la competencia. El PRI, como sus declaraciones y su campaña, con colores deslavados, el naranja desaparece del logo y publicidad del PAN para no crear confusión con el partido del Movimiento Ciudadano y que "nadie se beneficie" de sus pifias, un PRD anodino, el líder de Morena cansado, enojado, sin el vigor necesario, después de dos campañas presidenciales, para enfrentar el nuevo tiempo, por ahí un simpático promocional musical de Movimiento Ciudadano. Eso es todo. En ninguno se advierte proyecto ni rumbo. Se trata de una democracia débil, rígida, secuestrada por los temores y la pérdida de proyecto. Después de la lucha emprendida en 1997 por la democratización de la vida del país, después de la ciudadanización del IFE, de la exigencia de la promoción de una cultura democrática y de las organizaciones ciudadanas surgidas en este sentido, hoy, el proceso electoral se enfrenta a una sensación de fracaso, aún antes de la lucha y de los resultados.