La Cueva de la Hidra

Ciudadanía Cero-Partidos todo

Dicen algunas fuentes bien informadas que la creación del Instituto Nacional de Elecciones que sustituiría al IFE va, producto de la iniciativa del Partido Acción Nacional en materia de Reforma Electoral. Si llega a ocurrir, la ciudadanía perdería lo logrado por el IFE desde 1990, su ciudadanización, la construcción de una institución confiable y sólida que más allá de sus aciertos y errores ha sido un éxito. Sería un capítulo negro en la historia democrática de México.

Se pretendía que los Institutos Estatales Electorales desaparecieran también, pero parece que no será así. Estos podrán seguir existiendo como entidades locales, en respuesta a la presión que los gobernadores han ejercido sobre los partidos políticos, pero el nombramiento de sus consejeros vendría del centro, con la consecuente pérdida de soberanía ciudadana y de los estados. Gana la partidocracia.

Un Instituto Nacional anula a los estados y municipios. ¿A quién interesará entonces lo ocurrido en Alpozuaca, Guerrero en 1979, los diferendos en Santo Tomás de los Plátanos en el Estado de México, la elección del edil en San Felipe de Jesús, Sonora, o el respeto a los Usos y Costumbres de Santo Domingo Tonaltepec en Oaxaca? Solo a los oriundos. El conocimiento pleno de la historia, circunstancias y diatribias locales será difícil que a alguien más que no viva en estos territorios pueda interesar, a menos que se complique, de ahí la importancia que preserven la responsabilidad de la organización local de sus comicios.

Dice José Woldemberg: "ni comprendemos ni valoramos la democracia". Los consensos, los disensos, la convivencia política en la pluralidad, así como el impulso de la cultura de la tolerancia solían ser aspiraciones de una sociedad que se modernizaba y luchaba por ello. Si esta iniciativa no se discute suficientemente con las voces de la sociedad, podría retrocederse en sentido contrario de los avances logrados de 1977 en que iniciaron las reformas electorales, hasta llegar a las de 2003 y 2004, sumando 10, que en su conjunto hicieron lo necesario para contar con un IFE ciudadano, solvente y confiable.

El IFE ha sido contrapeso para medios de comunicación, partidos políticos y poderes fácticos; un árbitro ciudadano. ¿Cómo recuperar, entonces, la confianza en los procesos electorales si se desmantela al instituto ciudadano por excelencia?