La Cueva de la Hidra

100 Años

De tiempo en tiempo nacen hombres que hacen de la palabra, rebeldía, voz y creación, son arquitectos de su tiempo. Octavio Paz fue uno de ellos: universal, poeta, ensayista, periodista, hombre de ideas; apasionado. Su poética evolucionó a lo largo de sus 84 años de vida. Así fue que pudimos leer libros que son prodigio, desde Libertad Bajo Palabra en 1935 que incluye Piedra de Sol, magnífico poema de 584 versos y múltiples interpretaciones. Vendrían ¿Águila o Sol? y otros más hasta llegar a La Llama Doble que escribiría en el ocaso de su vida, con poemas eróticos que seguían descubriendo a sus lectores la entraña y el misterio de la pasión amorosa.

La perfección de su escritura explica su actitud analítica, revisora, siempre inconforme, en la búsqueda del texto perfecto que mejor plasmara la idea, el poema, el análisis. Señalaba que con la perversión del lenguaje empezaba la perversión de la cultura. Nunca falló a este principio.

A través de sus magníficos ojos verdes se advertía ese espíritu que escribiría El Laberinto de la Soledad en 1950, donde la mexicanidad sería vista desde su vocación crítica de México, su historia y lo mexicano.

Señalado, denostado por la postura de algunos de sus ensayos y su visión acerca del fracaso de los ismos: socialismo, capitalismo, cristianismo y otros, así como por su oposición al sometimiento de la creación literaria a cualquiera de estos ismos, lo convirtió en un crítico del poder, actitud que lo definió; de ello dan cuenta sus ensayos, su protesta y renuncia a la embajada de la India en 1968 en razón de la represión que vivía el Movimiento estudiantil a manos del gobierno; por su análisis y crítica al "Sandinismo de Daniel Ortega" y; por su defensa de los nicaragüenses; a "La Cuba de Fidel Castro". Los abucheos y la descalificación al poeta serían el precio que tendría que pagar. En tanto, su poesía seguía su curso y maduración hasta llegar a un nivel magistral, universal.

El espíritu crítico de Octavio Paz siempre vigente, se advirtió en su brindis al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1990, del que cito "¿...qué nacerá del derrumbe de las ideologías? ...las poderosas democracias que han conquistado la abundancia en la libertad ¿Serán menos egoístas y más comprensivas con las naciones desposeídas? ¿Aprenderán éstas a desconfiar de los doctrinarios violentos que las han llevado al fracaso? En esa parte del mundo que es la mía, en América Latina, y especialmente México, mi patria, ¿alcanzaremos al fin la verdadera modernidad, que no es únicamente democracia política, prosperidad económica y justicia social sino reconciliación con nuestra tradición?".