La Cueva de la Hidra

Ahora Ixtapan de la Sal

En un ambiente marcado por la solicitud de licencia de Ángel Aguirre, a la gubernatura de Guerrero, la falta de noticias de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, se escribe y entrega esta colaboración.

Ixtapan de la Sal es el paradisiaco lugar donde vacacionan muchas familias mexiquenses, de la capital y de otros estados circunvecinos. A sólo 84 kilómetros de Toluca, cuenta con una infraestructura hotelera para todos los niveles socioeconómicos. De vegetación tropical prodigiosa, aguas termales buenas para la salud, la belleza y el relajamiento y con uno de los más grandes parques acuáticos de América Latina recibe a los turistas con la amabilidad propia de la gente buena de la provincia mexicana. En Ixtapan de la Sal se acude a los balnearios de aguas termales, tranquilamente. Por la tarde se suelen hacer caminatas en familia, con niños y abuelos o en pareja que disfrutan del clima cálido y de los saludos afectuosos de los vecinos del lugar. Sin embargo, una nube negra se cierne sobre el municipio. Ubicado en el triángulo que forman la tierra caliente del estado de México, Guerrero y Michoacán por cuyos caminos transitan criminales, droga y armas, este trasiego amenaza su tranquilidad y forma de vida. A poco que se recorran sus brechas y carreteras, se podrán advertir ranchos, espacios idóneos para esconderse y hasta pistas para el aterrizaje de aviones.

Hoy, Ixtapan de la Sal vive también la vigilancia del Ejército, la detención y liberación de su presidente municipal, Ignacio Ávila Navarrete, surgido del PRD, de su director de Seguridad Pública, Efraín Pedroza Flores, y desarmados 101 policías municipales para ser investigados por posibles nexos con la delincuencia. Se visibiliza así y se pone al municipio en el mapa del crimen organizado y del control militar, lo que ya venía ocurriendo en la región. ¿Va a quedar alguien que cierre la puerta?

La cuestión es cómo evitar que la otrora apacible y próspera vida de quienes viven en Ixtapan se convierta en miedo, zozobra y ganas de huir de lo que la presencia criminal y las medidas necesarias para garantizar la integridad de sus habitantes, se viene instrumentando, lo que significa que el problema escala.

Se ven caras largas de preocupación en las autoridades locales, también en las federales, pero más, mucho más, en los vecinos de las localidades de Ixtapan de la Sal, los que se sienten vulnerables, en estado de orfandad y zozobra, invadidos por la angustia que a sus hijos no les ocurra lo que a los normalistas de Ayotzinapa y a los vecinos de Ecatepec.