De monstruos y política

De vaticinios y realidades futboleras

La selección no fue acompañada por el triunfalismo de los patrocinadores y, aunque las marcas comerciales se siguieron colgando de los jugadores más conocidos y hasta del director técnico, siempre fueron acompañados del pesimismo nacional y el vaticinio de la derrota.

Hay que decirlo: uno de los pocos que vaticinaron que a la selección mexicana le iría bien fue Diego Luna… y muchos se le echaron encima a descalificarlo y contradecirlo.

No es muy difícil vaticinar cuando una fuerza, un ejército o un equipo no tiene nada que perder y la inmensa mayoría expectante asegura una derrota.

Por otra parte, la debilidad está sembrada en aquella fuerza que tiene todo a su favor, como luchar en su propio terreno, tener a la inmensa mayoría a su favor, contar con un historial y una leyenda de superioridad y por tanto llegar al reto con exceso de confianza.

Dura lección para el equipo de Brasil frente a un equipo menospreciado en su propio país, por los medios y entre los expertos del futbol. Hoy, a diez días del vuelco, el derrotismo se convirtió en expectativa y un equipo prácticamente desahuciado llega a la siguiente etapa bañado de triunfalismo y sin corresponder el vaticinio con la realidad, pues del extremo del pesimismo ahora se pasa a lo contrario.

Esta situación y la crisis de los vaticinios en México nos llevan a plantearnos que vivimos alejados de nuestras realidades, lo que abarca no solo al deporte en este caso, sino a la política, la economía y la sociedad. Nuestros diagnósticos y nuestros objetivos, por eso, casi siempre son fallidos.

La visión de procesos lineales, característica de las fuerzas conservadoras (ahora existentes tanto en la izquierda como en la derecha), reparte con subjetivismo el éxito y las derrotas en el presente, porque no existe en la política mexicana una idea objetiva sobre el futuro.

Resulta difícil pensar que siendo el futbol “lo más importante de lo menos importante”, como diría Javier Solórzano, un juego deportivo le dé un vuelco al estado de ánimo nacional, lo que hace tiempo no sucede en la política. Y, más allá de los abusos comerciales, mediáticos, enajenantes y de rapiña como los de la FIFA que solo en Brasil, sin hacer nada, se llevará más de 6 mil millones de dólares en este campeonato de copa mundial, los resultados hasta hoy contrarios al vaticinio tengan al país en un hilo.

El pensamiento lineal entre los segmentos del resentimiento político, que apuestan al fracaso para que el espejismo se derrumbe “y el pueblo regrese a ver lo verdaderamente importante”, por ahora se frustró y eso ni adelanta ni retrasa los procesos nacionales de una mayoría nacional que unas veces es luchadora y heroica y otras, siendo los mismos, es fanática, se suma al “Cielito lindo” y define su nacionalismo, su masiosare, gritando al adversario y al mundo que son “¡putos!”.

En este Mundial, a diferencia de otros, la selección mexicana no fue acompañada por el triunfalismo habitual de los patrocinadores y, aunque las marcas comerciales se siguieron colgando no solo de los jugadores más conocidos, sino hasta del director técnico, siempre fueron acompañados del pesimismo nacional y el vaticinio de la derrota. Ese pequeño margen de independencia le dio a esa representación del estado de ánimo nacional su fuerza.

Los resultados hasta hoy, ante el logro mediático de centrar todo el interés nacional en lo que sucede en Brasil, seguramente serán utilizados para fortalecer un nacionalismo lleno de fobias a imagen y semejanza del que sembró por años el viejo régimen y la oligarquía a la que servía. La diferencia es que ahora el asombro y la vergüenza no nos unifican, pero nos representan en lo que somos y como vemos al mundo.

No escapa reconocer que al día siguiente del último partido del campeonato mundial, en México y todos los países participantes, seguirán sus mismas condiciones y contradicciones; las mismas crisis, los mismos partidos, las mismas reglas. Sin embargo, este campeonato será recordado por su capacidad de generar asombro, como el que provocaron por ejemplo España e Inglaterra con su descalificación anticipada o el mismo Brasil, que en esta primera etapa no llena las expectativas.

Este campeonato va a ser recordado como el acontecimiento de lo impredecible, lleno de Goliates y de Davides, que solo corresponde a una situación mundial también impredecible y donde las crisis abundan. El futbol, como todos los juegos, es enseñanza, nos confirma positivamente que los poderes son imperfectos y que aún se puede cambiar y asombrar.

Como parte de las contradicciones de México y su polarización, el grito de “¡putos!” de la porra mexicana en Brasil con su carga homofóbica tendrá su propia crisis 24 horas antes del partido México-Holanda, pues aquí se realizará la 36 Marcha Lésbico-Gay de un país que ha cambiado y de lo que la porra mexicana en Brasil no se ha dado ni cuenta.

www.marcorascon.org

http://twitter.com/MarcoRascon