De monstruos y política

¿Cómo unir a la mayoría?

Reflexionando, al escuchar las campañas de los partidos a través de sus promocionales en radio y tv, se les debiera acusar no solo de falta de imaginación para diferenciarse, sino de ser inquilinos de los lugares comunes. Mensaje y siglas, da lo mismo.

Si del bipartidismo en Estados Unidos se dice que sus opciones son tan diferentes como dos gotas de agua, acá a los 10 mexicanos, incluyendo los tres nuevos, no se les ven muchas diferencias. De estos, los peores son aquellos que acusan a otros de ser partidos, los vergonzantes.

Tanto frente a la demagogia del mercado electoral de los partidos o al extremismo que anuncia el derrumbe inminente y derrocamiento de las instituciones, se hace evidente la imposibilidad de ofrecer opciones posibles de cambio verdadero.

Más allá del descontento y la insatisfacción ciudadana sobre la democracia simulada, instituciones fallidas y sistema de partidos reglados por el clientelismo, existen una amplia diversidad de visiones sobre el presente y futuro del país. La composición social, las diferencias regionales, culturales y de sectores, plantean a los constructores de opción política el reto y la tarea para encontrar el elemento común, el alma nacional unificadora, que incluya la visión histórica, la crisis presente y una convicción para formar el futuro.

Para la difícil tarea de construir un orden nuevo se requiere no solo pensarlo, sino una estrategia realista para hacerlo. ¿Cómo construir una mayoría para el cambio constitucional?

Desconocer poderes e instituciones en abstracto no resuelve nada. Esperar un golpe o una insurrección desde la visión de una región o un sector inmoviliza y posterga toda posibilidad.

Se debe tomar en cuenta: a los mexicanos que van y consumen en los centros comerciales, a las clases medias que pagan impuestos y consumen, a los millones que utilizan transporte público y privado; a los millones en el mercado informal que buscan un ingreso día a día; a las comunidades de universidades públicas y privadas; a los maestros y millones de jóvenes estudiantes y trabajadores; a las comunidades indígenas; a los migrantes; a los empresarios; a los marginados; a los artistas e intelectuales que producen cultura y a todos los imaginables; sin ellos es imposible reconstruir al país.

Esa mayoría no se considera vanguardia, esta dispersa; lucha diariamente y sobrevive; está inconforme, pero tampoco quiere perder lo que tiene. ¿Cuál sería ese común denominador para unir a la mayoría? ¿Cuál es el camino posible para cambiar y mejorar, sin perder?

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@MarcoRascon