De monstruos y política

La serpiente mordiéndose la cola

Condicionar el aumento salarial a la productividad es ahora insostenible, luego de que a lo largo de estos 37 años los trabajadores mexicanos han mantenido a flote la economía del país a costa de sus condiciones de vida.

Las reformas aprobadas no son las que México necesitaba, son el modelo económico que necesitaba la restauración del viejo régimen.

El actual gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto logró las reformas estructurales que los grandes intereses económicos exigían. Fueron reformas aprobadas sin consenso, por lo cual se abre un nuevo período político, económico y de cambios en el país, sin unidad nacional.

Los medios para llegar a esta aprobación legislativa a las leyes secundarias contradiciendo el espíritu de la Constitución fueron logradas utilizando la intimidación y el chantaje, campañas de odio, y más grave aún, mediante el manejo perverso del presupuesto, la economía nacional y el apoyo de los grandes monopolios económicos que gracias a estas reformas se consolidaron como nunca.

La serpiente mordiéndose la cola, eso fue el proceso y es hoy el resultado. Para demostrar los beneficios se manipuló la economía, conteniendo el manejo del presupuesto, a fin de que para el segundo semestre y en 2015 exista un auge ficticio utilizando el gasto y así consolidarse políticamente en el largo plazo.

La estrategia de unir la reforma secundaria de las telecomunicaciones con la energética fue fundamental para la construcción de la fuerza aprobatoria y la alianza de los monopolios, el gobierno federal y la mayoría de los estados con los grandes poderes económicos que se beneficiarían con los procesos de privatización en la electricidad y el petróleo. Los medios de comunicación, remonopolizados, apoyaron a su vez la reforma energética.

Como parte de la oferta para legitimar las reformas de telecomunicaciones y la energética, esta alianza anuncia que las reformas generarán un próximo periodo de auge económico, cuyo punto de partida fue el ambiente depresivo creado de manera deliberada desde 2012 a la fecha, para así presentar a las reformas promovidas por ellos como salvadoras.

Dicho lo anterior y conociendo la delgadez ética de los promotores de estos cambios y que nos han regresado más de un siglo en las formas de gobierno, la burbuja de prosperidad será inflada con el aire mediático, la celebración del nuevo reparto y manipulando el manejo del presupuesto para pasar de un producto interno estancado a un crecimiento, no mediante el empleo, la productividad y el aumento de los ingresos, sino mediante el despilfarro que se atribuirá directamente a la aprobación de las reformas.

Si la seguridad de que las reformas económicas nos llevarán a un crecimiento económico sustancial, ¿cuál es el miedo entonces a la consulta en 2015, si según su pronóstico estaremos en un auge sostenido? ¿Si el auge estructural existiera, no sería una doble victoria derrotar a sus opositores y críticos en una consulta con carácter de referéndum?

La oposición a la consulta sobre las actuales reformas es porque no habrá auge, sino la continuidad de la manipulación del presupuesto del gobierno federal, disfrazando el crecimiento con el viejo despilfarro, similar al que nos recetaron sexenios atrás y nos llevaron a las crisis en otros sexenios.

Otra prueba de que el crecimiento anunciado no será producto de cambios estructurales, sino de artificios monetarios, son las voces que al unísono del gabinete económico de Enrique Peña Nieto se ha unido contra la propuesta de revisar y aumentar el indicador de los salarios mínimos: si en las crisis de los 70, 80, 90 y el nuevo siglo la estrategia de estabilización siempre fue cargada al valor generado por el trabajo, hoy que se anuncia la bonanza estructural y debiera redistribuirse el ingreso de los que durante 37 años han cargado con las crisis y los saqueos sexenales existe una negativa a que los salarios sean revisados como acto de justicia básica, para una verdadera amnistía económica, que legitimara el nuevo ciclo.

La vieja mentira de condicionar el aumento salarial a la productividad es ahora insostenible, luego de que a lo largo de estos 37 años los trabajadores mexicanos han sostenido a flote la economía del país a costa de sus condiciones de vida.

Gobierno del Distrito Federal y PRD, es urgente que convoquen a la academia, a los investigadores e intelectuales, a los sindicatos, a los movimientos sociales, a la sociedad, a debatir y consolidar esta demanda nacional sobre los mecanismos y procesos para un aumento de los salarios sin generar inflación.

Frente a la serpiente mordiéndose la cola se debe luchar por reunificar al país con salidas que garanticen el beneficio de todos los mexicanos y no solo a los grandes poderes económicos locales y transnacionales.

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