De monstruos y política

2015: revolución ciudadana

El futuro depende de lo que hagamos hoy. El futuro es una obra del presente y lo radical es lo posible. Se necesita unificar a la mayoría del país.

Para tomar la iniciativa, se requiere de un proyecto. Busquemos una alternativa democrática, imaginémonos dialogando sobre escombros, entre miles de muertos de todos los bandos. Veamos en la política lo que la violencia ya no pudo. Ahorrémonos los costos de la guerra y la violencia; veámonos fundando nuevas instituciones y un nuevo Estado.

Frente a la crisis de la izquierda y la insatisfacción de los partidos actuales no basta el rechazo, se requiere construir un camino y una alternativa concreta para reconstruir la nación mexicana.

La falta de credibilidad de todo lo posible, paraliza, enceguece, permite que se imponga el instinto más elemental sobre la necesidad de conceptos y estrategias necesarias. Para ello se necesita una identidad que convoque a un ciudadano triple: al civil, al ciudadano político y al social, para transformar la indignación y el reclamo, en una propuesta que unifique, que sea posible y que reforme y construya instituciones nuevas.

Estamos no solo frente a la descomposición de las instituciones nacionales, sino también frente a la crisis de viejas formas de pensar y actuar; de ellas se deriva la crisis de la izquierda y del pensamiento democrático que se debe renovar filosóficamente, en el pensamiento político y nuevas estrategias.

La izquierda, por verse el ombligo, dejó de ver la perspectiva nacional y la necesidad del pueblo de México a organizarse. La izquierda sucumbe hoy en México porque dejó de pensar y solo comunica mediocridad, fantasías y resentimiento. Todas las izquierdas de hoy en conjunto se parecen cada vez más a la derecha: autoritarias, sectarias, conservadoras y religiosas.

La izquierda y la derecha entre 2000 y 2012 fueron ineptas y son responsables históricas de haber abierto el camino a la restauración del viejo régimen. Su delito fue su mediocridad ideológica y política y su incapacidad para construir reglas democráticas. En 2006 fue la gran oportunidad y los que tenían la mayoría constitucional, subordinaron el interés nacional a ganar una Presidencia que ya no era, que ya no existía como en lo viejos tiempos: hoy el Presidente es solo un administrador de los los poderes de facto que ahí lo pusieron.

Bajo las reglas actuales, puede ser con todos. La minoría económica manda, y por eso el país es ya ingobernable. Gobiernan el escándalo diario, las verdades a medias, los rumores, la fragmentación de las redes sociales, que en conjunto imponen un estado de ánimo lleno de preguntas sin respuestas.

Treinta años de neoliberalismo han bastado para destrozar el alma nacional. El Estado mexicano está en manos de quien lo ha hecho fracasar y, por tanto, sus crisis políticas y económicas continuarán y fracasará todo cambio impuesto que venga de arriba-abajo por los poderes de facto.

El sistema de partidos mexicano no representa un sistema democrático, no lo es. El clientelismo, del que viven todos los partidos, lo ha matado; el registro de nuevos partidos disputando las prebendas es inyectar cáncer al cáncer; sin embargo, de los escombros del voto, de las cenizas de la credibilidad, hay que encontrar la salida.

Como maldición de la perversión política, el registro de candidaturas independientes ya se cerró el 26 de diciembre de 2014 y, por lo tanto, el esfuerzo y el reto a la imaginación debe ser mayor para abrir las puertas y crear conciencia sobre la necesidad de una revolución ciudadana a favor de una alternativa democrática. Se requiere un plan de urgencia y otro de mediano y largo plazos.

No hay que esperar “un líder”, se requiere de un colectivo, una fuerza unida, una voluntad con proyecto para avanzar. Necesitamos encontrar 500 mexicanos que nos representen, pues si no los encontramos, nos convierte en ciudadanos incapaces menores de edad, en una sociedad crónicamente enferma.

El insurreccionalismo y el discurso del derrumbe deben ser sustituidos por el pensamiento democrático colectivo y un programa. Pedir “lo imposible” esta bien como utopía, pero no sirve para organizar y unir fuerzas.

El futuro depende de lo que hagamos hoy. El futuro es una obra del presente y lo radical es lo posible. Se necesita unificar a la mayoría del país.

Las próximas elecciones pueden derivar en una crisis constitucional si los ciudadanos civiles, políticos y sociales se unen en un proyecto que no se abstenga, sino que dispute; no a través de los partidos existentes y sus reglas, sino construyendo una fuerza ciudadana que los desplace. ¿Podríamos elegir 500 mexicanos íntegros para que nos representen en esta tarea?

Debemos y queremos.

www.marcorascon.org

http://twitter.com/MarcoRascon