De monstruos y política

¿Quiénes son los responsables?

No es el Estado (a secas), son los que se han apoderado de él para sus intereses. Por tanto: la sociedad civil debe aspirar y luchar no contra el Estado, sino por un Estado democrático.

Anteriormente, la izquierda basada en el análisis científico de la historia, la sociedad, la política y la economía exigía rigor al elaborar tesis y examinar la realidad. Hoy no.

El desmantelamiento del debate crítico de los procesos políticos en México y una intelectualidad indulgente, resentida y en búsqueda de ser políticamente correcta, ha llevado a esta desertificación de conceptos y a una deserción que, en nombre del radicalismo, impide que los esfuerzos y las luchas fragmentadas se conviertan en fuerzas coherentes y de avanzada.

La descomposición económica y social es evidente, tras 40 años de políticas injustas y autoritarias, entreguismo y corrupción.

Frente a este periodo, 1988 abrió las condiciones para construir una mayoría nacional alternativa a lo que se imponía, fallaron nuevamente los que en nombre de la ortodoxia y el rigor convirtieron el ánimo y la expectativa popular en desencanto y suma de derrotas.

La izquierda pasó, en estos 27 años, del gran esfuerzo de unidad a la autodestrucción. Del deseo de un país distinto, a responsabilizar y vulgarizar, corromper y ridiculizar el pensamiento de izquierda.

Para tranquilizar conciencias y ocultar errores, nada mejor que el simplismo y declarar que todo lo que no podemos explicar, es decir “fue el Estado” y con ello una explicación vacía, pero que deriva en paralización. Funciona como consigna, pero no como alternativa.

La cantidad de conceptos tóxicos que estrangulan y ha arrinconado el pensamiento de la izquierda, nos lleva a todo tipo de pifias y frustraciones. La ineptitud de académicos, teóricos e intelectuales unidos a los intereses de quienes se obstinan en defender el viejo aparato corporativo y clientelar caricaturizaron la lucha social y política, dándole espacio de manipulación a los contrarios que dicen combatir.

Frente al crimen, la violencia, la descomposición y la violación endémica del estado de derecho, necesitamos ir a fondo, combatiendo y sustituyendo con leyes justas y conceptos claros. Se necesitan voluntades para unificar al país; a una fuerza que sepa el cómo y convierta la disputa en principios democráticos.

Nos hemos condenado a ser una nación errabunda y sin destino. Tenemos un territorio y una historia que, siendo común, nos divide.

En el Estado está nuestro problema y solución.

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