De monstruos y política

El regreso a la barbarie

Carlos Marx, al fundamentar el materialismo histórico, sostenía que a cada etapa del desarrollo humano le correspondía un modo de producción.

Según el humanismo de Marx, las etapas de la civilización eran medibles y diferentes históricamente, en una espiral de contradicciones y cambios de lo simple a lo complejo en búsqueda de la igualdad humana.

Ya adentrados en el siglo 21, tras la caída de la Unión Soviética y haberse hecho reversible lo que filosóficamente no era posible (el regreso al capitalismo), vemos que las etapas de la humanidad ya no se definen por sus tendencias civilizatorias, sino por los cambios tecnológicos y el retorno a la barbarie.

Las guerras presentes son hoy, más que nunca, la punta de lanza para el fomento del cambio tecnológico, y tienen como causa la dominación; la humanidad vive con los mismos principios de las sociedades divididas entre ciudadanos del imperio y esclavos en sus periferias. El pan y el circo, el surgimiento y la expansión religiosa como ideología contestataria horroriza a los imperios decadentes, exactamente como el cristianismo amenazó a Roma. Alguien ha pronosticado que en 2030 Francia tendrá un gobierno musulmán ante el fracaso del poder católico que hoy busca reformarse para sobrevivir.

Se acompaña está evolución hacia la barbarie, una revolución tecnológica extraordinaria, aplicada en este capitalismo arcaico, generador de diferencias como la Revolución Industrial en Inglaterra, a diferencia de hoy en que todo el pensamiento social humanista por la igualdad se encuentra desprestigiada, arrojando un mundo con hambre extrema, guerras y consumo irracional. ¿Qué fantasma recorre hoy Europa y el mundo?

Hoy, millones de seres humanos contamos con un teléfono inteligente que vemos todo el día en busca de respuestas; la información al minuto nos obsesiona y son más importantes las relaciones virtuales que las reales. Nuestro estadio histórico está acompañado por la irracionalidad de mover millones de toneladas de metal y plásticos en forma de autómoviles, poniéndonos al borde del colapso ambiental y la ira, en las ciudades que hoy no son símbolos de civilización, sino de barbarie.

Vivimos la violencia con una forma superior de indiferencia frente a ella. La información instantánea nos ha hecho insensibles y justificadores, siempre y cuando sea ajena.

La simplificación y el determinismo nos han regresado al pensamiento mágico, los dioses y la guerra.


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@MarcoRascon