De monstruos y política

Empecemos bien

Organizando la unidad y una propuesta alternativa consistente.

La indignación ahí está, es crónica y mayoritaria, pero es retórica y no es efectiva sin una propuesta clara que busque una alternativa posible al mal gobierno.

Luego de la reforma energética y el cambio de régimen fiscal de Pemex se cambió el ingreso público por venta de petróleo para el desarrollo nacional por un impuesto a los consumidores nacionales. Se acompañó esta decisión poniendo el precio de las gasolinas al juego de la oferta y la demanda, fragmentando Pemex en decenas de empresas privadas.

Es lo que explica la asimetría entre el precio en Estados Unidos (10.80 pesos por litro) con el que se vende en México, lo cual convierte el recurso petrolero mexicano en un producto especulativo al abandonar las actividades de riesgo como la refinación de crudo pesado y ceder la importación-venta de gasolinas a la iniciativa privada.

Al ceder su función de productor, procesador y comercializador, el Estado recurre a la vía fiscal de las actividades para incorporar el ingreso al servicio del despilfarro, la entrega a los gobiernos locales en manos de corruptos y para el uso de su gasto corriente, abandonando el uso del recurso para el desarrollo del país.

La devaluación del país es consecuencia de la pérdida de concepto de nación desde los mismos gobiernos, que nos hacen vivir como un enfermo terminal que necesita del oxígeno exterior para poder sobrevivir, despreciando la riquezas más importantes: la energía trabajadora del pueblo mexicano y nuestros recursos naturales.

No basta la protesta y la indignación si no hay una propuesta más allá del resentimiento. Las protestas sin objetivo claro ni estrategia se convierten en pasto de provocadores y ordeñadores de gasolinas disfrazados. Muchos de los que hoy protestan para legitimar el aumento de sus tarifas son los mismos que van a aumentar sus servicios mañana, principalmente las redes privadas del autotransporte.

La sociedad mexicana ya ha crecido, pero necesita un cambio seguro y no una oposición que se convierte en oportunista, bipolar, histérica e incapaz de unificar.

El gasolinazo es solo una consecuencia de una política impuesta de años atrás, estructural como las reformas que le dieron origen y que desea perpetuarse disfrazando sus grandes intereses privados en destino nacional.

El gran motor de México debe arrancar por otro camino: por la unidad democrática, que unifique a la mayoría del pueblo de México y lo transforme en el sentido del bien común.

Empecemos bien, que el camino es largo.

www.marcorascon.org

@MarcoRascon