De monstruos y política

¿Qué pasó…?

Luego de la derrota temporal ante la reforma energética (es temporal porque faltaría el alegato jurídico, la consulta nacional y porque el mal es imperfecto), cabe reflexionar sobre el papel jugado por la izquierda en su conjunto.

Es importante un balance de las tácticas y estrategias, de la falta de unidad, la incongruencia y el sectarismo durante todo el periodo de debate y legislación, porque si no se reconocen los errores, estaremos condenados a repetirlos tantas veces como batallas se presenten.

El gran escenario de la lucha social y legislativa —la Ciudad de México— ha quedado en riesgo, humeante, lleno de resentimientos y con un fuerte olor a inconsecuencia, pues siendo de la misma izquierda, en vez de defenderlo, se le entrega.

Los dos errores principales fueron el sectarismo y el rechazo a debatir (pues salvo Cuauhtémoc Cárdenas que antepuso la unidad sobre todas las diferencias y que además sí presentó una propuesta de reforma alternativa en el debate con argumentos precisos, que hizo suya el PRD), las otras fuerzas se centraron simplemente en un NO a la reforma, convirtiéndose, voluntaria o involuntariamente, en cómplices del actual status de Pemex, CFE y quienes las ordeñan.

La unidad de acción propuesta por Cárdenas se puso anteponiendo el interés nacional a las obvias diferencias. Para otros no: su objetivo no era detener o direccionar la reforma energética, sino un pretexto para sus propias metas y negociaciones.

Pareciera que todas las movilizaciones y bloqueos anteriores de la CNTE, la negativa explícita a una movilización conjunta (no hubo una sola del llamado Frente), el protagonismo mediático de los anarquistas, que nunca hicieron una marcha propia, sino en todas tripularon a otros contingentes, para el gozo y labor de desprestigio del derecho de manifestación y promotores de la reforma energética, estas fueran la estrategia del adversario. Queda como prueba la gran desorganización y desbandada en la batalla principal, poniéndose en la retaguardia de los anarquistas y usando el frente como escudo.

“Vamos a cercar el Senado para impedir la reforma y yo estaré en él”, dijo López Obrador en el Zócalo. A los dos días le vino el inoportuno infarto, demostrando con su ausencia la gran debilidad de su movimiento unipersonal, pues el llamado “cerco” acabó en manifestación testimonial: la asistencia a él nunca rebasó ni la décima parte de la que en cuatro días asistió al Zócalo… Nadie reclamó e hizo hincapié en esta inconsistencia numérica. ¿Qué pasó?

En resumen: más que una estrategia de acumulación de fuerzas y un camino hacia la unidad de acción, se fue de menos a más, de mayor a menor, bajo una acción sistemática de reventar la unidad, desprestigiar y desgastar la capacidad de movilización y con ello, acabar con la credibilidad y la suma contra las reformas. La prueba son números y horas de tiempo. Ejemplo: si todos los que fueron al Zócalo hubieran llegado al Senado, ¿qué habría pasado? ¿Por qué poner toda la fuerza en el lugar y tiempo incorrecto? ¿Fue otra aportación de Andrés Manuel “para estabilizar al país”, como justificó aquel plantón de 2006?

Esta estrategia de reventar alternativas, luchas y demandas, caricaturizando formas de lucha, se acerca más a planes de contrainsurgencia usando las viejas técnicas de la provocación. Hoy se puede decir que independientemente de la justeza de la oposición a la reforma energética, en las calles se impuso la enfermedad infantil del izquierdismo, la provocación, el delirio, el sectarismo, el insulto sobre el debate y la argumentación. Corolario: no quemaron Los Pinos, sino el pino de Reforma, a manera de consolación y de repechaje.

La formas porriles de echar cadenas y candados para impedir quórums no tiene nada que ver con las luchas históricas por la democracia y desprestigian causas, pues no se intuye valentía, sino autoritarismo e intolerancia.

La causa de la defensa de los recursos naturales renovables y no renovables en un mundo globalizado económicamente requiere de una visión estratégica, de un nacionalismo inteligente que unifique, que clarifique y que logre aislar con argumentos y legalidad a las fuerzas y los poderes de facto, que vieron en la desorganización y el vanguardismo las condiciones favorables de desconcierto para imponer vía legislativa lo que no tiene consenso nacional.

Es por ello que junto a las listas de legisladores responsables de esta reforma energética habría que agregar a los que como troyanos, sectarios e ineptos, impidieron la estrategia de unidad colectiva como en 1988, el año que avanzamos en fuerza y conciencia y que Cárdenas de nuevo propuso.

www.marcorascon.org

http://twitter.com/MarcoRascon