De monstruos y política

¿Cómo pasar de la división a la unión?

En estos tiempos, cuando ser de izquierda no es algo sustantivo, sino adjetivo, hablar de unificar al país puede significar una acusación de traición y claudicación. La fantasía del todo o nada en las crisis es patrimonio de los demagogos e incapaces.

Recordando al comunista italiano Antonio Gramsci, quien elaborara el concepto de “hegemonia”, los comunistas debían luchar junto a la sociedad civil (concepto también de orígen gramsciano) para construir un Estado incluyente, un consenso social y político, pues al final, “el Estado”, acusado hoy de todos los males nacionales, no es más que la sociedad civil institucionalizada históricamente.

La izquierda mexicana, y sobre todo la que aún conserva un instinto democrático, resistiendo tanto al ultraizquierdismo infantil como al electorerismo convertido en un fin, debería releer a Gramsci y replantearse una estrategia para construir un programa democrático, una nueva hegemonía de valores, representada en una nueva Constitución nacional.

La derecha obtusa y el viejo régimen consideran que con el texto parchado, contradictorio y lleno de candados reglamentarios que desdicen el texto constitucional, basta, y “solo hay que cumplirla”. El izquierdismo fantástico solo espera que todo se derrumbe y se renazca de manera bíblica.

Francia, tras la Revolución y la guillotina que devoró no solo la cabeza del rey, sino también la de sus hijos, como Júpiter, fue reunificada con una propuesta imperial.

Estados Unidos de Norteamérica, luego de su guerra civil donde murieron miles, en una matanza entre ellos, se reunificó mediante una propuesta basada en el militarismo imperial.

Adolfo Hitler hizo lo mismo en Alemania y sir Wiston Churchill junto con Francia y otros países europeos se lanzaron en la posguerra, como vía de reunificación, a repartirse Asia y África, haciendo de su nacionalismo un concepto expansionista.

En México, a lo largo de estos 200 años en busca de un lugar en el mundo, son pocas las veces en que nos hemos visto unificados con respecto a un destino común.

Nuestra opción nacional obviamente no es imperial, pero también se deben evitar las visiones autoritarias que se alimentan de la falta de una visión democrática y son incapaces de construir una nueva hegemonía de valores políticos, económicos y sociales.

¿Cómo construirla sin fantasías? La pregunta es para todos los mexicanos de hoy.

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