De monstruos y política

La llave del 27 y el 28 constitucional

La propuesta de no reformar el 27 y el 28 constitucionales no es un candado… es una llave.

Las reflexiones finales del general Lázaro Cárdenas sobre Pemex y el petróleo fueron motivadas por los peligros que actualmente acechan este patrimonio nacional por parte de intereses que en todas las circunstancias y privatizaciones que les han beneficiado han ido contra el interés general, ya sea en telecomunicaciones, carreteras, alimentos, minería, maíz o bancos.

México padece hoy las consecuencias de muchos vacíos, incompetencias y su incapacidad para construir acuerdos nacionales: México se ahoga por monopolios, ineficiencias y resistencias del viejo aparato corporativo. El pasado no lucha de frente, se oculta en la resistencia.

Si Enrique Peña Nieto y su partido retiraran su pretensión de reformar los artículos 27 y 28 constitucionales, abrirían la posibilidad de un ambiente diferente para debatir y analizar las propuestas de reforma. Para ellos, el hecho de que no exista ninguna reforma es la garantía de preservar el país actual que solo satisface a los intereses internos y externos que viven de la discrecionalidad, el autoritarismo, la corrupción, el vandalismo presupuestal, que quiere prerrogativas, pero no quiere que exista una hacienda pública para sustentar su dependencia del presupuesto. Son los que quieren privilegios y recursos para la compra de votos y parasitan sobre los descontentos y los presupuestos.

En la defensa de los artículos 27 y 28 constitucionales, existen dos visiones: la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas respaldada por el PRD y que plantea la modernización del sector y la que plantea un NO absoluto a cualquier reforma y que busca unificar a los que perderían sus privilegios, manteniendo a Pemex como ahora está, otorgándole amplio poder a la confusión, la corrupción actual, la división y la intolerancia.

De retirarse la propuesta de reformar los artículos 27 y 28 constitucionales y centrarse en las leyes reglamentarias, si bien no se suprimirían las diferencias, se crearía un contexto distinto para discutir, punto por punto, cada artículo de las leyes secundarias, bajo el principio de tener garantizado —sin trampas— que el petróleo es propiedad de la nación y de todos los mexicanos. El país puede unificarse en torno del espíritu fundamental de estos artículos; por el contrario, reformarlos abre la puerta a los poderes fácticos y sus aliados.

El retiro de la propuesta del Ejecutivo y su partido, el PRI, para reformar los artículos 27 y 28 de la Constitución es la llave para establecer acuerdos, certezas inmediatas y no incertidumbres futuras por la imposición de una mayoría legislativa sin consenso nacional.

La declinación daría al debate un giro histórico, pues obligaría a todos a sentarse, ya no solamente en foros, sino a la mesa del acuerdo de las fuerzas políticas, económicas y sociales para elaborar el nuevo consenso histórico sobre un recurso que debe dar sustentabilidad económica a las reformas de Estado que el país necesita para su desarrollo.

La fuerza del NO ha optado por el pragmatismo más radical y con tal de legitimar el freno a cualquier cambio, ha propuesto la alianza con el sector privatizador más radical. Los extremos del atraso buscan por desesperación una alianza y han tomado la Ciudad de México como rehén para impedir toda posibilidad de acuerdo, tratando de unir odios contra toda reforma ya sea educativa, fiscal o energética. Sostener la propuesta de reforma a los artículos 27 y 28 es fortalecer esta tendencia.

La izquierda histórica, impulsora de la unidad y los cambios desde la perspectiva progresista, debe tener claridad que este es momento para influir en el contenido de las reformas, sin ceder en lo fundamental. La alternativa no es otra alianza distinta a la espuria que se ha propuesto, sino un cambio radical del contexto del debate para crear la base que asegure nuestra soberanía económica como fundamento central del presidente Lázaro Cárdenas para construir nuestro proyecto nacional.

Es por ello que un retiro de la pretensión de reformar los artículos 27 y 28 no sería una concesión al pasado, sino la llave para establecer la posibilidad de un acuerdo energético y patrimonial que estimule cambios profundos en la estructura económica y financiera, que no solo genere riqueza, sino que dé garantías de que los beneficios serán bien y equitativamente distribuidos.

Retirar la intención de reformar los artículos 27 y 28 constitucionales es un tema central de seguridad nacional y una llave para el cambio con justicia.

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@MarcoRascon