De monstruos y política

Los jóvenes y la izquierda

Para la izquierda de hoy, la única juventud válida es la nuestra, la que fuimos. Ha asumido una actitud escolástica y de veteranos. Está paralizada y solo defiende los despojos del viejo sistema corporativo y corrupto.

Como prueba irrefutable de los desvaríos de la izquierda mexicana está la ruptura con la juventud y la relación vital se hizo tóxica.

Base fundamental de la energía de cualquier fuerza política, si no hay presencia de los jóvenes hay estancamiento ideológico, político y conceptual.

Por grandes esfuerzos que existan “por entenderlos” y representarlos desde “la experiencia”, sin su actuación propia, sin el pulso propio de la juventud para pulsar su tiempo y asumir errores y aciertos, será una actitud sesgada y amputada de lo que le corresponde a cada generación.

La falta de juventud de la izquierda mexicana es inconcebible desde una izquierda que en el tiempo moderno se fundó precisamente en la vital juvenil y estudiantil.

Protagonistas del cambio democrático en 1968, 1971, en los movimientos guerrilleros de los 70, 80 y 90, en la construcción de poderosos movimientos urbanos, sindicales, en la cultura, la ciencia, el arte e impulsores de la sustentabilidad ecológica, la defensa de recursos naturales, la educación pública y la democracia, hoy esos esfuerzos son solo conceptos y recuerdos estancados que no evolucionaron ni se enriquecieron frente a los cambios de la realidad.

Otros llaman a la prudencia, cuando la clase política actual y los poderes que dominan y conducen al país no la tienen en términos generales. Esto ha dado varios resultados:

Una generación de jóvenes que no acepta el presente y lo rechaza, con poca disposición para entender que lo que hoy viven tiene raíces que podrían dar explicación y ofrecer perspectivas.

El rechazo al poder y a la política, considerando que el poder es en sí maligno y la política una actividad perversa, deja desarmada a la generación actual de jóvenes que consideran que el simple rechazo a todo, incluso a la historia, les ofrecerá alternativas.

Aquella relación que las derechas consideraban un “envenenamiento” de ideas exóticas se rompió y hoy se festeja poner candados y cadenas para impedir asambleas y debates asumiendo la herencia, no de la democracia, sino la de los porros y charros que en nombre “de la patria” se imponían mediante la fuerza.

Es fundamental el tema de la juventud, pues en el largo periodo de violencia que hemos vivido ha sido precisamente la juventud de México la que ha puesto la mayor cantidad de muertos y que ahora llena las prisiones con condenas centenarias. La falta de perspectiva en los pueblos, las provincias, los barrios de las ciudades donde fueron arrojados por un país que no supo ser conducido al cambio y donde particularmente la izquierda, la fuerza dialéctica, se hizo conservadora, defensora del pasado, sin conceptos ni ideas nuevas, sin arriesgar nada y solo administrar el pasado.

La izquierda no es un valor estancado, sino que las posiciones y los actos, las ideas y las convicciones frente a problemas nuevos y una realidad cambiante, es lo que la define, a cada individuo y colectivo en un conservador o un revolucionario.

La izquierda y los jóvenes hoy gritan e insultan en las redes sociales como resultado de una pobreza conceptual para entender y diagnosticar los problemas y las actuaciones de su tiempo. No es un tiempo de Augustos, sino de Calígulas, de destrucción y falta de creación de conceptos y valores.

Lo que antes era un ejercicio de rebeldía y tomar la calle, hoy que está garantizado el derecho a ella, se le destruye aderezado de miel y amoniaco al servicio de los peores intereses. Ya no se llama a los ciudadanos a sumarse, sino los enfrentan y si no se suman incondicionalmente a los actos vandálicos, se les repudia y agrede. Hoy se reivindica el racismo y la espiral de odios entre ciudadanos y vecinos, entre la capital y las provincias que antes veíamos salir desde el anticomunismo.

Se deja a los conservadores todos los argumentos para restringir y construir un nuevo sistema de dominación más complejo, más determinante, basado en una supuesta tolerancia y condescendencia y que alimenta el grito de ¡¡¡viva la represión!!! ante el hartazgo.

Para la izquierda de hoy, la única juventud válida es la nuestra, la que fuimos. La izquierda ha asumido una actitud escolástica y de veteranos. Algunos en un esfuerzo de caricatura, buscan hacer conexión disfrazándose de jóvenes y expresándose con vulgaridades.

Cuando no se tenía experiencia, se hacían muchas cosas y arriesgar era una actitud revolucionaria. Hoy que todos dicen tenerla y se enaltece la ignorancia y la fuerza, la izquierda está paralizada y solo se vive defendiendo los despojos del viejo sistema corporativo y corrupto que como jóvenes se decidió transformar. Hoy, eso es lo que se enseña.

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