De monstruos y política

¿Qué hacer frente a la resurrección del PRI?

Para ser oposición verdadera al regreso del PRI se requiere de gran madurez. Se necesita reconstruir los conceptos y el diagnóstico del México posible, el invisible y el real.

Hasta hace poco tiempo casi era impensada una resurrección y se suponía que el PRI solo sería un mal y viejo recuerdo.

Se elude responder y no se quiere pensar si su regreso fue debido a sus habilidades propias, a la naturaleza intrínseca de los mexicanos o por los errores de quienes los relevaron y les disputaron el poder, pero quienes a lo largo de 12 años no fueron capaces de desmontar el viejo andamiaje que le permitió al PRI gobernar de manera ininterrumpida por más de 70 años.

Lo cierto es que, como pesadilla, ahí estuvieron celebrando los 85 años en el gobierno, de los 193 de vida como Estado independiente, remarcando que solo ellos son capaces de gobernarnos.

En el intervalo cayó El Chapo, símbolo de la causa de nuestra violencia; reapareció Nazario, que por decreto ya estaba muerto, pero ahora sí murió a manos del gran padre que ahora ha regresado, pero que aún no ha dicho que ha perdonado a sus mexicanos desleales que creyeron ingenuamente, que se habían ido.

Gracias al enfrentamiento crónico de quienes le han disputado el poder en las tres últimas elecciones presidenciales, lograron que el PRI se convirtiera en la fuerza “del centro”, ante la polarización de la izquierda y la derecha que hicieron de la disputa, su principal oferta.

Junto a Plutarco Elías Calles, fundador del PRI, los actuales dirigentes que lo emulan han de tener las estatuillas de Vicente Fox, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador como los que hicieron posible su regreso. Desde la óptica priista, ellos afirman haber tenido derecho a unas merecidas vacaciones y a una ausencia que ahora los confirma.

¿Qué sucedió y qué hacer frente a esta perspectiva?

Las elecciones de 2012 aún no han sido asimiladas, porque aún no existe una explicación política de las causas de su regreso. Lo más sencillo ha sido recurrir a la justificación del fraude, pues eso permite no reconocer los errores.

El PRI y los poderes fácticos que los han respaldado, no de ahora, sino a lo largo de estos 85 años, han sacado las llaves de acceso que nunca entregaron a sus sustitutos temporales mientras descansaban y se preparaban para el regreso con el brío que hoy les vemos.

Hoy anuncian con claridad que el país se puede sumir en el caos y la violencia si ellos no gobiernan y esa es un arma que le entregaron los que no pudieron unificar al país desde otras bases.

Al no reconocer las causas verdaderas y los errores propios que causaron el regreso del dinosaurio y sus pisadas, difícilmente habrá posibilidades en el corto y mediano plazo para removerlos.

El PRI ha regresado, como todo animal herido que ha sobrevivido, con la experiencia contra sus cazadores, ahora presentada como gestos de humildad, renovación y cambio, en un país que ahora gobierna gracias al fracaso de quienes tuvieron en un momento más de 70 por ciento del poder en el país y lo derramaron en pequeñas batallas desordenadas, sin conceptos ni objetivos concretos.

Para ser oposición verdadera a este regreso se requiere de gran madurez. Se necesita reconstruir los conceptos y el diagnóstico del México posible, el invisible y el real. No se puede convocar a los mexicanos a tomar partido si se carece de una explicación de las causas del regreso del PRI y las consecuencias del trauma nacional que ahora se presenta como nuestra salvación.

Ya no basta de la actitud de “resistencia” que se impuso como gran política y llevó en particular a la izquierda mexicana a adoptar una posición defensiva y conservadora como estrategia para ganar en el campo de batalla ideológico, político, legislativo, dejando y abandonando posiciones ganadas, convirtiendo su ideario en una propuesta de defensa del viejo país, el que ha gobernado el PRI por más de 85 años.

El discurso del fraude como justificación del regreso del PRI, las posiciones vergonzantes frente al Pacto para hacer valer en las reformas el peso legislativo de los votos, ve un país próximo al derrumbe y confunde el deterioro crónico, los males crecidos, nuestros atavismos en aumento, como la antesala de la bancarrota de este PRI que festeja ahora su regreso y muestra las cabezas de los capos como símbolos de su poder renovado.

Para reconstruir una nueva perspectiva para México se requiere no solo una visión del futuro, sino enfrentar con objetividad lo que hicimos en el pasado y es el causante de este regalo envenenado a México que ahora se le da en gotas y dosis diarias.

Lo primero es cambiar radicalmente las formas de hacer política desde la oposición y sustituir la idea de que lo radical es lo inoperante, lo fantástico, el resentimiento y la división como alternativa. Así, el PRI se hace eterno.

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