De monstruos y política

Hacia un frente cultural… y unos pianos

La cultura debe formar jóvenes críticos con su presente, creativos, alegres, irónicos, inconformes. Su espacio de creatividad es el espacio público y ahí no convergen la cultura y el autoritarismo. El verdadero espacio seguro es con cultura.

Sin cultura no hay identidad.

No es lo mismo educación que cultura.

No significa igual, cultura que entretenimiento.

Cuando se habla de restablecer el tejido social, se trata de buscar reconstruir la comunidad y para eso se requiere fortalecer los bienes culturales, los espacios públicos y la inversión en la promoción cultural.

Un frente cultural como política pública es necesario para reconstruir los presupuestos y recursos destinados a la cultura, focalizándolos y no confundiéndolos con “actividades recreativas, deportes y desarrollo social” como hasta ahora se hace.

Si la Ley de Fomento a la Cultura del Distrito Federal dice que se debe destinar 2 por ciento a la cultura, estos recursos se hacen invisibles cuando no se focaliza y se mezcla el concepto de cultura con la educación, la recreación y los deportes.

El crecimiento y la eficiencia del presupuesto para el desarrollo cultural debe aplicarse concretamente y sin discrecionalidad a la formación, a crear centros que detecten en cada barrio y comunidad los talentos artísticos de niños y jóvenes; que rescate el conocimiento de las personas mayores y ofrezca formación cultural para la superación personal.

La fiesta es importante, pero no puede ser el eje principal de una política pública cultural. Lo fundamental es la formación, la academia, la promoción de la cultura, territorializar su desarrollo y expresiones.

Junto a ello, viene la recuperación del espacio público para las artes. En estos días se colocaron 20 pianos en plazas y hubo miedo, desasosiego para “que no los dañaran y no se los robaran”: error. Un piano en la calle para ser tocado no necesita seguridad, pues si fuera destruido significaría que la Ciudad de México tuviera la existencia de un pianicida que con hacha en mano, marcaría el nivel de odio contra la música y lo noble que es el sonido de un piano solitario en una calle. ¿Quién y por qué alguien destruiría un piano? o ¿Quién se robaría un piano público? ¿Cuántas cámaras no detectarían llevándose un piano a una casa, y que debería hacerse con el ladrón? La alternativa sería llevarlo al conservatorio o a un reclusorio (¿con el piano?).

Este ejemplo nos lleva a pensar que la mezcla de espacio público con actividad cultural genera libertad de expresión, formación de ciudadanos integrales y democracia. Es una tarea que requiere de la coinversión, la gestión común, la alianza, la creatividad y que debe plantearle a toda la sociedad, los colectivos para el arte, los promotores y a la comunidad artística y cultural, la necesidad de reconstruir el presupuesto para la cultura.

La cultura debe formar jóvenes críticos con su presente, creativos, alegres, irónicos, inconformes. Su espacio de creatividad es el espacio público, la calle, las plazas y las condiciones materiales para reunirse, debatir, leer, tocar música sin ser molestados. En el espacio público no convergen la cultura y el autoritarismo. El verdadero espacio seguro es con cultura.

Hoy en la Ciudad de México se realizan semanalmente cientos de actividades culturales, que, sin embargo, parecen invisibles. Suceden muchas cosas promovidas desde las instituciones públicas, privadas, sociales, que, sin embargo, parecen invisibles.

En tiempos de crisis de identidad nacional como la nuestra frente a la globalización y nosotros mismos la cultura es fundamental y va de la mano con el desarrollo urbano, la administración de los recursos, la calidad de vida, la planeación y el crecimiento de la ciudad con inclusión y democracia.

Es por ello que la propuesta de un Frente Cultural en la Ciudad de México que planteara Eduardo Vázquez la semana pasada ante representantes culturales de las 16 delegaciones tiene el sentido de unificar, reestructurar el presupuesto, agrandarlo, afinar la legislación para focalizar la actividad cultural y aplicarlo de manera efectiva y con calidad en los barrios y comunidades para transformar nuestra realidad cultural.

Por eso, en la cultura, algo viene sucediendo. Por eso aparecen pianos en las calles, por eso hay nuevos conciertos, por eso se discute abiertamente los presupuestos, por eso se defiende la realización de eventos en el espacio público, por eso se realizan convocatorias, por eso hay foros independientes de colectivos y grupos culturales criticando, diagnosticando y proponiendo, por eso se buscan medios de comunicación para la cultura, por eso aparecen fragmentos de los poetas centenarios en las calles, por eso hay debates y defensas nuevas del patrimonio cultural e histórico. Por eso y más, un Frente Cultural como política pública creada por todos.

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