De monstruos y política

No se entiende

Con todo respeto, pero del plan de acción anunciado este 6 de octubre en Paseo de la Reforma por Andrés Manuel López Obrador, dirigente de Morena, no se entiende bien a bien cuál es el contenido de su estrategia, y aún más, existe confusión cuando dijo que era necesaria la unidad con otras fuerzas sociales y políticas para frenar la iniciativa de Enrique Peña Nieto.

Su plan es confuso porque traslapa y no espera a nadie; busca abarcar todas las formas de protesta, tratando de frenar las reformas por la vía de desgastar su movimiento e imponer sus decisiones unilaterales al conjunto mediante el uso de la plaza. El discurso es de unidad, pero el proceder revela sectarismo y deslinde.

Su idea de frente común ante las reformas es incluir en su plan de acción las iniciativas de otros a medias y trivializarlas; no precisar si la consulta propuesta es antes o después de aprobar la iniciativa de reforma energética de EPN; convocar unilateralmente y dejar todo a medias. Su idea de frente es voluntarista, pues solo se plantea, como el Chapulín Colorado, el “síganme los buenos” sin acordar con nadie.

En la anterior movilización del 22 de septiembre, López Obrador anunció que emplazaría a Enrique Peña Nieto a discutir su propuesta en materia de energía, para lo cual hizo entrega de una carta solicitando una entrevista con él. La respuesta de la oficina de EPN fue rápida: su solicitud en esta etapa era materia del Congreso, no del Presidente. ¿Cómo un grupo de intelectuales de Morena no pudo advertir y ubicar previo al debate legislativo, al interlocutor respectivo, es decir, al Congreso? ¿Por qué el lopezobradorismo repudia tanto al Poder Legislativo y solo acepta al Presidente como interlocutor, aunque lo considere ilegítimo?

Esta primera decisión generó controversia dentro de Morena y sus aliados, pues se consideraba que implícitamente reconocía a Enrique Peña Nieto como Presidente, lo cual, por el contrario, ha sido piedra angular de su concepción programática y de estrategia a partir de 2012: Morena no reconoce la existencia de un Presidente electo.

Ahora le da la oportunidad a Peña Nieto a que se desista. Su planteamiento es contundente: Pemex debe quedar como está (es decir: en manos de los que actualmente lo han exprimido) y todo debate debe ser rechazado. Para calmar la tempestad de los que exigían un paro nacional, López Obrador propuso un nuevo plan de acción pretendidamente más radical y que sinceramente no requería de un grupo de intelectuales para pensarlo, pues solo bastaba un poco de memoria, para haberlo diseñado.

La propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD, hecha anteriormente a la convocatoria de un frente, fue organizar una consulta nacional para revertir un posible acuerdo legislativo contrario al interés nacional, cuyos resultados sean vinculatorios y para ello debe ser institucional y decidido por el Legislativo, no el Ejecutivo. Para ello se requiere reunir 1.6 millones de firmas de ciudadanos con datos precisos de su credencial de elector y número de folio, a fin de tener validez y reconocimiento legal. Eso requiere organización y seriedad. Su propuesta es alternativa a la de EPN no solo el NO a la reforma.

Morena, al contrario, plantea no solo una consulta al limón sobre su plan de acción con tres opciones: la uno, la dos y… ambas. Ganó ambas. De paso se pidieron firmas de rechazo a las reformas, trivializando la principal y rebasando supuestamente a todos con medidas radicales, para tener elementos no de unidad, sino de descalificación futura y deslinde.

El resultado pareciera generar más confusión que claridad para organizadores y convocados, pues establece falta de coherencia entre petición y consulta, ausencia de acuerdos, dispersa fuerzas y banaliza la iniciativa de la consulta nacional.

Con su plan de acción, el objetivo de Morena, López Obrador y sus intelectuales orgánicos es frenar la aprobación bloqueando las legislaturas, sin dar batalla en los debates. Los fines justifican los medios, porque para ellos no hay un día después. Su postura es una mezcla de fatalismo disfrazado de hiperrealismo, que se alimenta de la descalificación de sus aliados... y la seguridad en la derrota.

El plan de acción aprobado este 6 de octubre en Reforma, como las otras propuestas, deja una serie de responsabilidades a los activistas, como son explicar y convencer a los ciudadanos para no pagar impuestos, no pagar la luz, no ver Televisa, no comprar en Soriana.

¿Con esto se logrará frenar la reforma energética de EPN? ¿Caerá el rating de Televisa? ¿Quebrará Soriana? ¿Cuántos impuestos no se pagarán?

Ojalá el 31 de octubre, en su próxima marcha, López Obrador haga un balance de esto, su eficiencia y sus resultados.

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@MarcoRascon