De monstruos y política

Las dificultades del oportunismo

La aparición de López Obrador en el Senado revela que tras la falta de coherencia política solo queda el camino del oportunismo y la táctica de reventar por dentro toda iniciativa de unidad y suma de esfuerzos.

A Gabriel García Márquez,

parafraseando a Salvador de

 Madariaga sobre Adolfo Prieto:

“Colombiano de México y mexicano

de Colombia”.

Como se ve se juzga. Pareciera que la reaparición de Andrés Manuel López Obrador subiéndose por la puerta de atrás a la iniciativa presentada por Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD para la consulta sobre la reforma energética en 2015 tiene varias motivaciones: dividir, confundir, hacer silencio sobre la ley reglamentaria de telecomunicaciones estando presente “contra las reformas”, sin estar presente en la de hoy y dividiendo en la energética.

Redundando sobre la estrategia lopezobradorista sistemática, es estar presente en un ambiente contra la reforma a las telecomunicaciones sin decir nada de ella ni comprometerse a su rechazo. Ya es largo el silencio y la relación de sumisión de López Obrador y sus intelectuales frente a los intereses de los monopolios de las comunicaciones, en particular de Televisa y Tv Azteca, desde la llamada “ley Televisa”, en 2005.

Ni López Obrador ni el movimiento que solo él define, dirige y convoca han propuesto ninguna iniciativa, separada o conjunta, en torno a la contrarreforma sobre telecomunicaciones que pretende el PRI y la Presidencia de Enrique Peña Nieto.

Es más: en el contexto de la creación del Frente por la Comunicación Democrática constituido el pasado 11 de abril, el lopezobradorismo reanudó su activismo mediático de llevar iniciativas al Senado ¡para una consulta en 2015 contra la reforma energética! habiendo sido rechazada esta iniciativa de Cárdenas “por la traición del PRD” (¿a la reforma constitucional de telecomunicaciones que ahora todos reconocen como un avance?). Ésa no es suma: es confundir en un caso y dividir en otro.

 La aparición de López Obrador en el Senado tras su cerco fallido “contra la reforma energética” revela que tras la falta de coherencia política, solo queda el camino del oportunismo. Le cuidan y protegen para que Morena no se desplome y, por tanto, siga cumpliendo su papel divisionista, generador de confusión, y la táctica permanente de reventar por dentro toda iniciativa de unidad y suma de esfuerzos. La idea es aderezar todas sus iniciativas alimentando el odio contra el PRD.

Con esta propuesta llena de sectarismo e incongruencia, un tercer objetivo del lopezobradorismo busca mantener la campaña de odio sistemático contra el Partido de la Revolución Democrática, al cual lo ha declarado el principal enemigo de sus intereses… y registro.

Parte de su incongruencia es no poder reconocer que la reforma constitucional a la ley de telecomunicaciones fue una obra de la izquierda legislativa y particularmente del PRD, logrado desde el Pacto por México y desde las cámaras de Diputados y Senadores. Para él y su grupo de intelectuales, el Poder Legislativo solo es reconocido como depositario de sus actos mediáticos de entrega de cajas y documentos simbólicos en las oficialías de partes, sin más fundamento que su oportunismo político.

Pasado el delirio de pretender legislar desde el Zócalo con costosos actos y bajo su propia debilidad estratégica, López Obrador ahora presenta su propuesta de “consulta” alterna y marginal. Para él consultar es correcto, porque es “su” consulta, pura, al margen de la realidad, de la consecuencia, del deber, la unidad y de la ética política.

Hoy, cuando sectores progresistas, tras el marasmo de errores, buscan una mínima condición de recomposición e iniciativa y más cuando la propuesta de consulta de Cárdenas y el PRD ha empezado a crecer sin él, López Obrador busca un protagonismo basado en la división, haciendo el favor a los peores intereses nacionales que se unieron justamente para aprobar la reforma energética.

Luego de denostar la ley de telecomunicaciones metiéndola en el saco de la energética y la educativa, ¿qué hará López Obrador? ¿Luchar contra la reforma constitucional que hoy es consenso en cuyo contenido puso límites y nuevas estructuras a los monopolios que defendió en la “ley Televisa” original?

López Obrador, que definió a manera de descargo lo que hizo anteriormente llamando a la reforma constitucional de telecomunicaciones como una “nueva ley Televisa” cuando fue promotor central de la primera, carece de discurso y coherencia para argumentar contra la ley reglamentaria que busca revertir los avances a los que condenó por ser contrario a su posición reventadora, por ser obra de la izquierda, la sociedad movilizada independiente a él y del PRD y sus legisladores.

El oportunismo lopezobradorista, en sus afanes, revela sus debilidades y problemas.

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