De monstruos y política

En defensa de la basura y las manos sucias

Identifican a Cuauhtémoc Gutiérrez con los trabajadores de la basura, como si la conducta del dirigente proviniera del manejo de ésta. Falso. Ellos tienen las manos sucias porque trabajan y sirven a otros. No son de su condición.

Esta es una historia de política y basura.

Que me perdonen las buenas conciencias, pero la condición humana de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre no nació del gremio al que perteneció su familia y la basura, sino de la cultura política del partido en el que se formó.

Ante los hechos, es necesario deslindar a los que mueven diariamente más de 10 mil toneladas de desechos en la ciudad del comportamiento de Cuauhtémoc Gutiérrez. Los trabajadores de la basura merecen respeto.

Los de la basura son los que hacen invisible las consecuencias de nuestro consumo irracional y contaminante. Son los que convierten a la basura con sus manos y su salud en riqueza concentrada. Ellos son los que limpian lo que la corrupción industrial y ecológica genera. Son los que hacen posible la transformación y el reciclamiento de las cinco minas de materiales que diariamente generamos y de gran valor: papel, cartón, aluminio, vidrio y el plástico.

Estos sólidos podrían representar más de 40 por ciento del total de la basura. El resto son los desechos orgánicos que hoy con las nuevas tecnologías pueden producir fertilizantes y combustibles, los cuales diariamente son separadas por miles de trabajadores que se pagan con el erario y utilizan la infraestructura construida con el presupuesto gubernamental; otros miles viven de la pepena en las calles, los camiones de basura y en los tiraderos, bajo una condición impuesta.

A los capitalinos, la basura nos hace políticamente débiles: el gobierno del Estado de México nos mantiene con un puñal en la garganta, pues el cierre de sus tiraderos significa una catástrofe urbana en las calles del DF. Tan vital como el agua y la salida del drenaje es la basura que aquí se recoge, se separa, recicla y se entierra donde no la vemos y no la olemos.

Por eso, está mal asociar el comportamiento del dirigente político de un partido, que ha hecho lo que se ha descubierto, no al amparo de los trabajadores de la basura, sino de la impunidad creada por la cultura política de su partido.

Los trabajadores de la basura merecen todo el respeto social. Para abundar sobre la importancia y el valor de su trabajo, diremos: que de los cinco elementos mencionados de la basura que sirven para el reciclamiento con el presupuesto público (salarios, equipos, plantas y transportes), el valor de estos se privatiza en algún punto del proceso y podría significar un valor de más de 7 mil millones de pesos; es decir, casi 5 por ciento del presupuesto anual de la ciudad, del cual los trabajadores de la basura, se llevan una mínima parte. Los ciudadanos deben saber, no solo separar la basura, sino valorarla, pues su riqueza no se la llevan los trabajadores de la basura, ni el gobierno que paga para recogerla, sino las empresas que la reciclan.

Lo más cierto es que el descubrimiento de las prácticas de prostitución de Cuauhtémoc Gutiérrez como dirigente del PRI ya eran conocidas desde hace tiempo y que hoy, el principal beneficiado de ello es el mismo PRI, quien con esto busca limpiarse hacia la disputa de 2015.

Claro está que ni el Comité Ejecutivo Nacional del PRI pudo antes remover y cuestionar a Cuauhtémoc Gutiérrez; que no pudieron con él ni Beatriz Paredes, ni María de los Ángeles Moreno ni Rosario Guerra; que de las últimas fechorías de este grupo, fueron el vandalismo en la delegación Azcapotzalco hace unas semanas, quebrando vidrios y amenazando; que ahora el PRI ya tiene tiempo para presentarse en 2015 como un “partido ciudadano abierto a la sociedad” y con una cara limpia que no vendrá  de la basura, sino de la impostura y el reciclamiento de su moral política.

Paradójicamente, el viejo PRI se recicla para presentarse de otra manera ante la actitud de oposiciones divididas, debilitadas, incapaces de pelear en el terreno legislativo que le dieron sus votos. El PRI sabía que con Cuauhtémoc Gutiérrez nunca ganaría y por eso aprovecha el escándalo hoy para quitarlo; no por sus prácticas, sino por necesidad política.

Las buenas conciencias identifican a Cuauhtémoc Gutiérrez con los trabajadores de la basura, como si la conducta del dirigente proviniera del manejo de ésta. Falso.

Aprovechando el escándalo, el PRI se encamina a poner al frente de ese partido a un ciudadano “decente”. En el PRI seguramente pondrán a alguien “con las manos limpias”, como diría Felipe Calderón.

Los trabajadores de la basura tienen las manos sucias, porque trabajan y sirven a otros. Por eso, los trabajadores de la basura no son de la condición de Cuauhtémoc Gutiérrez y la historia de su partido.

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