De monstruos y política

En defensa del PRD

Al PRD se le tiene que transformar, no destruir.

Ya sea por interés o desmemoria, existe hoy una campaña intensa y siniestra contra el Partido de la Revolución Democrática, solo equiparable con los tiempos del salinismo y con el fin de desacreditar a sus afiliados, miembros, dirigentes y fundadores.

Esta campaña contra el PRD no debe opacar la crítica justa, la necesidad de autocrítica y de reforma profunda del partido ante una estructura de fracciones y grupos con derechos estatutarios que le impiden responder al compromiso histórico asumido ante el pueblo mexicano, pues el PRD es mucho más que sus corrientes.

¿Quién y desde dónde se promueve y origina esta intención para liquidar al PRD no solo como partido, sino como proceso? ¿Cuáles son las implicaciones, de triunfar esta intención?

La campaña contra el PRD formalmente se inicia dentro del PRD a partir de que Leonel Cota, hechura pura de Andrés Manuel López Obrador, dejó la presidencia del partido. Para el lopezobradorismo ahí quedó la idea de un PRD “políticamente correcto” y subordinado.

El insistente mote de “traición” al PRD y sus dirigentes parte de la visión subjetiva de López Obrador que continúa creyendo eso de que “la estrategia soy yo” y que aún define lo bueno y lo malo, lo que es puro e ilegítimo, bajo el status de candidato perpetuamente robado, que le permite legitimar el resentimiento como única postura válida. Organizando rechiflas, poniendo en la guillotina a todo aquel que no se doblegue a sus decretos irreales, nace su necesidad de acabar no solo con otros liderazgos y prestigios, sino contra todo un proceso histórico de unidad de la izquierda mexicana que es el PRD y que ni él ni Morena pueden hoy igualar y superar. Es por ello que ni sus simpatizantes dentro del mismo PRD, abandonan al PRD.

Víctima del mismo sistema de partidos que contribuyó a crear, el PRD vive las consecuencias de reglas que se han revertido contra su propia identidad y vocación. Es cierto.

La administración del registro como partido legal proveniente de grandes batallas por la legalización de la izquierda, la lucha por la representatividad en el Congreso (las diputaciones plurinominales), la equidad de recursos para las campañas electorales, la conquista de grandes espacios legislativos, en gobiernos municipales y estatales, obligan a un balance crítico y autocrítico del PRD ante la embestida presente. No hacerlo y defenderlo como está es liquidarlo.

Tras la escisión del lopezobradorismo del PRD al no poder someterlo, resurgió la campaña directa de descalificación contra el PRD, sus gobiernos, dirigentes y actuaciones. El tema del Pacto se convirtió para ellos y la derecha oligárquica, en el eje de la satanización y fobia a los cambios, calificándolo de “traición” solo por haber levantado el freno que el mismo lopezobradorismo y el PAN le pusieron al país por 12 años, logrando —eso sí— el regreso del PRI.

La convocatoria para el registro de Morena como partido político es uno de los orígenes de la campaña contra el PRD, pues Morena surge no de la unión, sino de la escisión y nace no de un esfuerzo programático y conceptual, sino de una sola propuesta: llegar a la Presidencia sobre los escombros del país y… del PRD.

Otro origen de la campaña es profundamente oligárquico y de los poderes fácticos, con los cuales esta versión infantil de izquierda ha hecho unidad siniestra y por ello niega todo avance legislativo, reivindican el pasado como propuesta y ven al PRD como obstáculo.

Ambos unen en su campaña al PRD y al gobierno del Distrito Federal, pues para el PRI, el PAN y estos poderes fácticos no conviene un PRD que pone en la mesa de las reformas su fuerza electoral y que se sale del esquema de una izquierda que ladra, pero que no muerde y que en vez de enfrentar sus ideas, las convierte en oraciones, profecías apocalípticas y llamados siguientes… a otra manifestación en el Zócalo.

La campaña contra el PRD intenta ocultar lo que ya está a la vista: para la elección federal de 2015, el PRI estará en ventaja en el DF y en el país, ante la confusión que se pretende crear y la división de los votos. ¿Quién será el responsable de que el PRI resurja en la capital ante la división del voto antes unificado en el PRD?

El PRD hoy tiene como camino obligado luchar por reformas y ser consecuente como fuerza política desde el Pacto y el Congreso. Sus enemigos no son otros estamentos de la izquierda, sino hacer lo que le corresponde como partido impulsor de cambios.

Por eso, hay que defenderlo.

 

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